Telarañas con filo.

De repente, están en todos lados. La segunda persona que conocí que lo hacía, se sentaba atrás de mí. Y si se trazaban redes imaginarias por los salones, sobre las cabezas de cada uno, se formaba una telaraña de complicidad, a la que nunca las autoridades dieron atención; alguien me dijo que éstas sí sabían lo que estaba pasando. Pero no creo que hubieran podido hacer mucho.

Después vino la tarea de leer los sitios web, anti y pro; la persona de atrás me dio un parche que se pone después de sacarse sangre. Las ideas poéticas de querer morir eran recurrentes, y la música que escuchaban pegaba con el estereotipo de la relación proporcionalmente directa de rock-suicidio. Oí algunas de sus canciones; no me gustaba el metal, pero de verdad la música y las letras tenían algo que amplificaba las emociones y las dejaba como heridas abiertas. Y para ellos en particular, era la amplificación de todo lo asfixiante en sus biografías. Con todo, no era lástima, al menos tanto como era fascinación.

Oigo que “siguen en lo mismo”, “siempre deprimidos”, por medio de otras personas. Yo continué con lo de los sitios web, porque nunca encontré una referencia a esto en los periódicos. “No es una enfermedad en sí misma, sino una manifestación…” de conflictos subyacentes y todos esos constructos problemáticos. Personas con trastornos alimenticios, depresión, personalidad limítrofe, y otras amablemente categorizadas por el DSM-IV pueden hacerlo; personas víctimas de abuso, traumas, pérdidas; personas en el medio de la curva normal también pueden hacerlo, con dosis de perfeccionismo, baja autoestima, y/o poca asertividad.

 Y la información que no encontraba en el periódico, y que veía en abstracto a través de la pantalla, la encontraba materializada en personas que vinieron después de ellos. De repente, era el panorama que pinta Nación Prozac: toda la gente tomaban fluoxetina, hasta el gato de su compañera de cuarto. Pero aquí no era un medicamento, si no cicatrices y queloides. Era un secreto a voces, un orgullo que avergüenza. “Ah, sí, yo lo hacía”; “yo tenía un chero que lo hacía porque una chava no le hacía caso”. 

Más adelante, vinieron las explicaciones más elaboradas, sobre los refuerzos, y sobre las reacciones fisiológicas y la liberación de endorfinas para contrarrestrar el dolor y continuar el comportamiento, por la sensación -breve- de alivio. Al fin salió esto en el periódico, el “desahogo silencioso“. Pero contrario a lo que decía el artículo, y a la visión peótica que tenían de la muerte, ellos no lo hacían buscando el suicidio. Es por control, distracción, liberación de presión, sentir algo, llamar la atención para sentir que le importaban a alguien. No están lejos, leí que comentaba un especialista, de quienes se refugian en el alcohol o en patrones anormales de alimentación.

Debo retomar una idea que quedó en los comentarios, algunas entradas atrás, y que se me vino a la mente al leer el artículo de hoy sobre el suicidio: “quien por su gusto muere…”. Bien (creo) por el que puede decir esto después de que su hijo se ha suicidado. Y se podría discutir que yo debí haber dicho lo mismo cuando aquella gran persona se sentó atrás de mí hace años, y no estaría escribiendo esto. Pero las cosas son muy diferentes cuando uno está dentro del torbellino, y no se sale de él siendo la misma persona.

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4 respuestas a Telarañas con filo.

  1. Victor dijo:

    Cuando hice el trabajo de Anormal II me encontré teórica y científicamente con todo ese mundo. Yo ya había estado en él en mi adolescencia, sobreviviendo hasta hoy de esas amplificaciones emocionales: cuando ves todas las salidas cerradas en el ahora y para el futuro, cuando no sos capaz de notar que tenés apoyo, cuando no tenés apoyo, cuando encontrás que no tenés los recursos personales o materiales para enfrentar las demandas del entorno, cuando ell entorno te retribuye rechazo en lugar de aceptación… hay un montónde ideaciones asociadas que van ligadas a una realidad cada vez más aberrante. Lo de echarle la culpa a la música, al alcohol, etc. es lo más fácil; psicologizar es facilísimo, hacer del suicidio un problema psiquiátrico una patología de juventud es lo más sencillo… es no aceptar que como sociedad se está fallando en facilitar las condiciones que permitan tener bienestar físico, emocional, etc a sus miembros.

    Saludos cipota, te me habías perdido.

    Victor

  2. Aniuxa dijo:

    Yo leí ese articulo… y me pareció un poco superficial (sobre todo por dedidar media página a la influencia rock sobre el suicidio)… Ahora yo no sé qué tiempo de impotencia se puede sentir, pero bueno. Con lo de la web, había una bitacora hace un año, y me cuesta entrar ahorita… se llamaba suicidario… y leí este articulo, es crudo y todo, pero a cualquiera le quitan las ganas de matarse Aquí

  3. hunnapuh dijo:

    “…siento unas ganas locas de reir,

    o de matarme…” (Roque Dalton)

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