Felices y a la vez contentos.

Lo siento, he mantenido mi distancia  por cuestiones de trabajo. He tratado de estar al tanto, por medio de los recortes de periódico que mi amigo me envía por correo tradicional. Pero sobre todo, me he dedicado a acoplarme a mi nuevo trabajo. Es un trabajo atípico, por cierto, empezando porque no me pagan. Bueno, sí me pagan, pero en especie. Tal vez algún día me paguen en cash, pero esta experiencia revive mi esperanza de poder vivir de una actividad peculiar, estadísticamente hablando (que esté al extremo de la campana, quiero decir).

Mi tío banquero enrojecería de la cólera si supiera sobre este trabajo, por lo que ruego absoluta discreción. Él es una buena persona, pero tenemos ideales diferentes…complementarios, me atrevería a decir. Fue él quien me puso en mi trabajo anterior, el típico, de cubículos y todo eso. Me iba bien. No soy inteligente, pero soy dedicado, y así contrarrestro mi inherente tendencia al fracaso.

Una noche, entraron a robarse las computadoras al edificio. Entonces, pusieron perros; a la semana, se los habían robado también. Después, contrataron seguridad privada; a los tres días, ellos habían desaparecido, con todo y mi cafetera, y la agencia que nos lo recomendó resultó ser fantasma. Finalmente, pusieron cámaras de vigilancia, para averiguar quién entraba a robar tanto; también se robaron las cámaras. Al menos después de eso ya no regresaron.

Pero lo peor fue el escándalo que sacudió a mi unidad (“escándalo que sacudió”…tengo muchos recortes de noticias con esa frase). Mi jefe inmediato solía escupir al hablar, y siempre tenía su billetera llena de billetes limpios. Era por su negocio de lavado. La policía lo descubrió, y no les hizo gracia su obsesión-compulsión por la limpieza financiera. Mi única ganancia de todo esto fue que yo pude, al fin, enviarle a mi amigo una noticia por correo, con el bono de que la foto que acompañaba al artículo era del edificio donde yo trabajaba. Si se ve con cuidado, se puede descubrir parte de mi afro asomando desde una de las ventanas.  

 Uno esperaría que el jefe renunciara al cargo después de esto. Por moralidad, o por vergüenza. Eso lo que suelen hacer las personas que están en lo alto de la cadena alimenticia organigrámica. Pero en lugar de eso, se mandó formar una comisión que formara subcomisiones que debatieran si era necesario o no remover al jefe de su cargo. Evidentemente él mismo se consideraba digno de mantenerse en su posición. Yo sugerí, durante un coffee break entre mis colegas, que él necesitaba un psiquiatra, porque su falta de culpabilidad era un mal signo. Mi abuelo era curandero, e hizo milagros con picahielos, allá en su pueblo.  

En fin. Mi tía me tiró una taza de porcelana a la cabeza, porque renuncié. Acto puritano, lo llamó. Con todo, traté de rehacer mi vida pintando. No tuve suerte. Logré un espacio en el mural de una universidad, pero a pesar de que recibía buenas críticas, una mañana encontré que mi trabajo había sido vandalizado. “No me gusta”, “Dios, qué falto de creatividad”, “imbécil” fueron algunas de las notas que encontré. Me sentí muy mal, por supuesto. Alguien recurrió a la vieja frase de “son puros celos”, y “te tienen envidia”, pero la verdad era más simple: no les gustaba. No podía hacer mucho por eso. No tenía en mente a estas personas cuando pintaba, así que en realidad no trataba de complacerlas. Decidí retirarme del negocio de las canvas para evitarme más amarguras, pero rescaté un curioso sentimiento de desahogo que aún vibra en mi aorta.

Esta es la parte donde consigo mi trabajo atípico: toqué el timbre y me dejaron entrar. Enanos de jardín con corbatín corrían por los pasillos, pero se respiraba un ambiente informal. Tuve mi entrevista con una señora de cabeza fungiforme, y me contrató.  Y eso fue todo.

Las pocas personas que me conocen de cerca, me preguntan adónde quiero llegar con esto. Con TODO esto. Por el momento no me preocupa llegar. No basta con llegar temprano, decía mi primo segundo, también hay que saber salir temprano. Y como cantaba mi vecino (su amigo Winnie cumple años mañana; bien por tí, Winnie), si no sabes adónde vas, cualquier camino te llevará. No es un gran consuelo, pero estos días no suelo ser muy exigente.

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3 respuestas a Felices y a la vez contentos.

  1. Beka dijo:

    de cual fumamos ahora? JAJAA.. bromas, saludos Ligia ya se te extrañaba …

    Y bueno, yo preferiria ir a trabajar con los honguitos de corbatin tambien

  2. Victor dijo:

    puta, hoy si andás “motafórica” maitrita… suerte con los fungi…

  3. Aldebarán dijo:

    Y luego dicen que para la criptografía se necesista de matemática avanzada. Qué equivocados están. Lo leeré nuevamente.

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