Una palabra o dos sobre la condición de los cromosomas XX.

Ayer yo iba pasando y vi un pedazo del reality Nuestra Belleza 2006. No hay que despreciar lo autóctono, y las cheritas su gracia tendrán, pero es difícil pensar en una de las Nenas del grupo Caña compitiendo -y ganando- contra los cánones de belleza caucásicos que predominan en el mundo.

Parentéticamente (como dice un mi profesor), ayer les estaban dando una clase de cultura, sobre Alberto Masferrer. Prueba de que las muchachitas llegan con la estampa “ni idea” sobre su frente, y puya, algo hay que hacer para que por lo menos den paja. Entonces está este maitro hablando del “poeta” Masferrer, y una se levanta y pregunta qué quería decir con la “doctrina vitalicia”, que ahí decía en la presentación eso y ella quería saber. Asaber, vedá, pero si el señor se refería al Mínimun Vital, la cagó con los términos (pude corroborar esto con alguien que sabe -y es parte- de la literatura salvadoreña). El señor titubeó y respondió: “sólo quiero dar unas ideas generales y después regreso a su pregunta”. No regresó.

Las protagonistas del reality parecen haber salido de la misma fábrica que las modelos de los anuncios de la zapatería MD. Para contextualizar, estos anuncios van por el slogan “MD te entiende”, y en los anuncios aparecen mamis que agarran de pato a otra: le echan champaña a los zapatos mientras ella está en su bisnes en el baño, le echan el carro encima…y la publicidad en vallas, también con modelos, da a entender que alguien ha metido mano a las fotos y ellas aparecen con cabezas de animales, manchadas con plumón, o con comentarios como “tiene los tobillos gordos” (ok…). No veo si es que la zapatería comprende a las perras envidiosas o a la fina señorita que agarran de base (que las perras envidiosas dicen que es una zorra, porque se viste toda ofrecida…dicen que dicen, eso me dijeron a mí…) .

Desafortunadamente este no va a ser un pronunciamiento feminista sobre la degradación de la mujer. No soy feminista y personalmente rechazo la arroba como símbolo supremo de igualdad entre ambos géneros. Desde que se descubren los androespermatozoides y los ginecoespermatozoides, ya se sabe que no es tan por gusto la diferenciación…aunque tampoco hay que ser segregacionista por gracia del falo. La palabra sería equidad y no igualdad, pero eso no viene al caso (o viene, pero no estoy para esas carajadas ahorita).

Pero ya que estamos, todo esto ya ha sido definido. De hecho, fue definido hace más de un cuarto de siglo por un doctor en psicología social, salvadoreño (si le preguntan a él, y en consecuencia, si le preguntan a cualquiera), que definitivamente no descansa en paz:

“Cualidades que en el medio salvadoreño se asumen como connaturales del hombre o de la mujer tan sólo se pueden considerar como cualidades desarrolladas histórica y diferencialmente por el hombre o la mujer de ciertos sectores salvadoreños, pero no por causa de determinismos genéticos, sino por factores socioculturales.

El hecho de que las diferencias sexuales se sigan atribuyendo a la naturaleza y de que se tomen como base para la discriminación social es indicador de su carácter ideológico. Machismo y hembrismo son verdaderos mitos sociales que amparan prácticas convenientes.

El proceso de mitificación comienza por su verificación empírica, continúa por el análisis de su funcionalidad social y termina por su naturalización (…). El mito se perpetúa mediante la socialización que transmite aquello que considera normativo (natural), como una profecía que lleva a su propio cumplimiento.

EL MITO DE LA ESPOSA AMANTE
Sublima y naturaliza la sumisión del proyecto vital de la mujer al proyecto del hombre. El hombre se realiza ejecutando alguna tarea o trabajo social, mientras que la mujer se realiza dedicándose a su matrimonio y a su hogar.

EL MITO SEXUAL DE LA MADRE
Es más sutil, pues toca fibras sociales muy profundas. A la madre se le atribuye una serie de características idealizadas: buena, santa, abnegada, bella, acogedora, fiel; es lo más sagrado e intocable. La imagen ideal de la madre encubre la realidad triste de la maternidad, socialmente desamparada y fruto no pocas veces de la ignorancia, el apremio y la necesidad.
Se sublima también una división social del trabajo discriminadora, en la que la mujer, a partir de su condicionamiento biológico, se convierte en “ponedora de hijos”. La función de la madre es la de internalización de los valores familiares en los hijos, entendido por valores del sistema [los valores del sistema bajo el cual ellas mismas fueran criadas, si me permite agregar; de ahí la perpetuación incuestionable].

EL ETERNO FEMENINO
La mujer constituye una especie de misterio insondable, su comportamiento más significativo brota de los fondos más profundos de la naturaleza (No hay que comprenderlas, solamente amarlas). Este mito sirve para enmascarar la instrumentalización corporal de la mujer a través de todos los ritos de la belleza (“Nuestra Belleza”), la comercialización del erotismo y la institucionalización de la virginidad. Se requiere belleza para atraer, y virginidad para garantizar la seriedad del producto ofrecido y la privacidad de quien efectúe la adquisición (como propiedad privada).
El mito del eterno femenino encubre y justifica también la exigencia social de que la mujer no cambie, que siga siendo lo que es porque ya está dado genéticamente.
La incuestionabilidad del eterno femenino se transforma en incuestionabilidad de aquellas prácticas sociales que engendran la mujer discriminada al servicio del hombre.
El mito de la madre la esclaviza al hijo y el mito del eterno femenino, a su cuerpo, y a permanecer perpetuamente como servidora del hombre.

EL ANTIMITO DE LA PROSTITUTA
La prostituta tiene un cuerpo (eterno femenino), y está llamada también a realizarse por mediación del hombre. Pero no es ni esposa amante (no es propiedad privada, sino pública), ni es madre (no tiene familia, ni la sociedad la acepta como transmisora de sus valores). Por ello, la forma más común de “mentar la madre” a alguien es llamándole “hijo de puta”.

*

Ya veo a las bichas del reality cantando completamente halagadas “así son ellas”.
Como decía John Lennon, woman is the nigger of the world. Y si hay algo peor que ser mujer (y tener “mente femenina”, y todas esas minucias), es querer ser mujer, malditos maricones de mierda. Pero ese es otro pisto. Dioguarde, qué vida más puta.

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9 respuestas a Una palabra o dos sobre la condición de los cromosomas XX.

  1. Bk dijo:

    jajajajajjajajajajaja…

    en fin, como le hacemos las mujerespara quedar bien?

    jajajajaja..

  2. Dr. Kabuto dijo:

    Hey que ondas Ligia! no se por que será, pero al llevar cerca de 18 meses fuera de mi casa, viviendo en un pais un poquito extraño, pero siempre latinoamericano, y convivir con gente que me lleva unos 5 años minimo, me ha hecho pensar mucho. Aparte, que al leer tu blog, que en algunas entradas tiene reflexiones acerca de la condicion de la mujer y tu perspectiva personal del machismo y otras cosas. Me han hecho llegar a una aseveraciòn (disculpá mi lenguaje):

    Puta, que paloma debe ser, ser mujer, va?

    Saludos!
    PD. Si he ofendido a alguien o dije algo impropio, no fue mi intenciòn, solo escribo lo que pienso.

    Dr. Kabuto

  3. Una vez ví en Incognito (el programa de facundo) que querían ver si era cierto eso del mito de que la “suerte de la fea, la bonita la desea”, y pusieron en distintos momentos a una chera feita y a una bonita a pedir prestado un celular a mara que iba pasando en la calle. Sin paja la chera feita tuvo que decirles como a 10 hasta que al fin uno se lo presto, mientras que la bonita a la primera logro que le prestaran el celular.
    Realmente las mujeres tienen esa cualidad de saber explotar su belleza, ya que la chera que es conciente que es bonita casi siempre sabe como lograr lo que quiere. En parte nosotros los hombre tenemos algo de culpa de que eso sea asi…

  4. Rocio dijo:

    Hey sos mi ídola chava, quien sos y de dónde saliste??
    De verdad que es un reto ser mujer, pero vos decis las cosas tal como las sentis y eso ahora es bastante dificil, te admiro por eso. Ta chivo tu blog. Visita el mio cuando quieras… hasta luego!

  5. Anonymous dijo:

    Siempre que leo un blog como este, escrito por una mujer me encuentro con grandes incoherencias. Por ejemplo cuando veo frases como: “es difícil pensar en una de las Nenas del grupo Caña compitiendo -y ganando- contra los cánones de belleza caucásicos que predominan en el mundo”, me parece que caen en el mismo error de degradar a la mujer, porque aunque no sea ese el objetivo, pareciera que lo que se quiere decir es que la mujer debe ser bonita, de otro modo no vale.
    Yo creo que a las personas no se les debe juzgar por lo físico, sino por quien son.
    Ademas pienso que las comparaciones con otras “razas” o sociedades, en cuestiones superficiales, no trae ningun beneficio.

  6. Anonymous dijo:

    Desde mi punto de vista, ahi no hay incoherencia. El que ella diga eso sólo demuestra y refleja que todos hasta ella hemos crecido bajo esos cánones. Es cierto que no se debe juzgar a las personas por como se ven, pero el concurso de beelleza es justamente para eso, y tampoco trae ningun beneficio pero todos en algun momento hemos dado nuestra opinión sobre las muchachitas que participan en esas cosas.

  7. Aldebarán dijo:

    Sobre la campaña de propaganda de la zapatería que mencionas, me alegra que coincidamos en que el sentimiento que muestran los anuncios no son celos, son envidias.

    Curioso como la anterior campaña se encargaba de ensalzar a las mujeres mediante el desprecio hacia los hombres. Pareciera que no pueden vender un par de zapatos sin recurrir al desprecio del prójimo, no importando el sexo al que pertenezca.

    Al final, lo único que consigue esta zapatería con sus anuncios es reforzar la serie de mitos que tu mencionas, aunque lo haga vestido de modernidad o feminismo.

  8. Anonymous dijo:

    Mujer… feliz de ser mujer
    Las mujeres que trabajan… insatisfechas. Las mujeres que no trabajan… insatisfechas también. Los culpables de esta insatisfacción… por supuesto, los hombres.

    Ayer, mientras esperaba que mis hijos salieran de su clase de natación, no pude dejar de escuchar la conversación que se llevaba a cabo entre dos mujeres que estaban frente a mí.
    Tendrían alrededor de 35-40 años. Una de ellas, vestía un traje sastre, traía un portafolio colgando del hombro y un bebé de unos seis meses en los brazos.

    La otra, en pants, traía una raqueta de Nike y una niña de unos tres años, abrazada de su pierna. Las dos estaban acompañadas por sus sirvientas.
    – Hace mucho que no te veía… ¿cómo has estado?
    – Uf… corriendo como una loca. Me acaban de dar el puesto del que era mi jefe. Estoy bien contenta, pero agotada.
    – Qué bien, felicidades, pero … ¿cómo le haces con tu bebé?
    – Bueno, llego muy tarde a la casa y casi no lo veo, pero… ya ves que dicen que “es mejor darles calidad que cantidad” de tiempo. Y, cuando llego, estoy con él, de verdad.
    – A mí, la verdad, me encantaría ponerme a trabajar. Pero, por ahora, estoy dedicada “de tiempo completo” a mis hijos… Tal vez cuando crezcan.

    Una conversación simplona, que se puede escuchar todos los días en cualquier lugar y que refleja la insatisfacción que siente gran parte de la mujer de hoy, independientemente de si trabaja o no, fuera del hogar.

    Las mujeres que trabajan… insatisfechas
    Si observamos un poco a una mujer que trabaja fuera del hogar, vemos que exteriormente, da siempre la imagen de estar autorrealizada, orgullosa de sí misma y permanentemente agobiada, como tratando de hacer ver a los demás, que ella sí está logrando exitosamente, ser mamá, esposa y profesionista, eso que el mundo dice que es algo imposible de lograr.

    Cuando se encuentra con una mujer que no trabaja, simula envidiarla, con expresiones como: “qué rico que no trabajas, con razón tienes tu casa tan linda”, pero internamente la critica: “se levanta a las 10 a.m… es una floja”.

    Vive en un estrés continuo, para demostrar al mundo entero, que ella no descuida nada, que es perfecta en todo, que es la mismísima mujer maravilla. Sin embargo, en el fondo de su corazón, se siente culpable de no estar con sus hijos lo suficiente, una culpabilidad que le reclama el estar “autorrealizándose” a costa de su familia.

    Por supuesto, ante los demás, se escuda y se justifica, con la falacia de “es mejor darles calidad que cantidad”, aunque se da cuenta a leguas, de que eso no es cierto.

    Las mujeres que no trabajan… insatisfechas también
    La mujer que no trabaja, desearía estar trabajando, pues teniendo una profesión universitaria, se aburre terriblemente jugando tenis, haciendo flores de migajón y yendo al supermercado, pero… finge estar feliz y tranquila, pues ha oído que las mujeres “buenas” son las que se dedican exclusivamente al hogar y a los hijos. Oculta un sentimiento interno de frustración, por no estar autorrealizándose, por culpa de sus hijos.

    Si se encuentra con una mujer que trabaja, la alaba con expresiones como “estás picudísima”, pero en el fondo la critica pensando “tiene a sus hijos abandonados con el chofer y la nana”.

    Lo peor, es que sabe muy bien, que ella, aunque dice que se dedica “de tiempo completo” a los hijos, también los deja (y tal vez más que la otra), para ir a sus clases de gimnasia, costura, repostería, pintura, literatura y arte contemporáneo, a la peluquería, al café con las amigas, al banco, al supermercado y a todos esos lugares a los que tienen que ir las amas de casa.

    Los culpables de esta insatisfacción… por supuesto, los hombres
    Sin duda, los hombres son los culpables de que hoy por hoy, la mujer sienta esa insatisfacción. Por querer darle gusto, han accedido a tratarla como hombre y la han llevado a enfrentarse a un dilema que no tendría por que existir: ¿Trabajar para autorrealizarme o … no trabajar, para ser buena esposa?

    Los hombres se olvidaron de que la mujer funciona diferente que ellos, simplemente, porque no es un hombre.

    El hombre, aunque tenga varios roles en su vida, es un personaje uni-canal, que cuando está trabajando, está totalmente concentrado en el trabajo y se olvida de que es esposo y padre. Cuando representa el rol de esposo, no piensa en su trabajo, ni de chiste. Su cerebro está programado para pensar en una sola cosa a la vez.

    La mujer, en cambio, puede estar en cinco asuntos al mismo tiempo. Puede, perfectamente, estar atendiendo una llamada de negocios y cambiando un pañal, mientras revisa la tarea de otro de los niños y le entrega a la cocinera una nota con el menú del día siguiente. No es nada del otro mundo, porque Dios dotó a las mujeres de un cerebro ”multi-canal”, que las hace capaces de ejercer varios roles al mismo tiempo, sin que uno u otro se vea deteriorado.
    ¿Cuando surgió el dilema?
    Hasta antes del siglo XIX, el trabajo era una parte integral de la vida de la mujer, quien representaba sus roles de esposa, madre, ama de casa y trabajadora, de una manera natural. Nadie se escandalizaba de saber que la esposa salía de la casa, para atender a algún enfermo, el puesto en el mercado, el comercio familiar, el trabajo en la agricultura o en la granja. La mujer siempre había trabajado como mujer (no como hombre) y eso era lo natural. En su casa, guardadas, sólo se quedaban las mujeres enfermas o minusválidas.

    En el siglo XIX, con la Revolución industrial, los hombres vieron que el trabajo en las fábricas era demasiado rudo para la mujer (lo cual era cierto) y, queriendo protegerla y proteger a su familia del abandono materno, la excluyeron por completo de la opción de compartir su riqueza con el mundo. Decidieron, los hombres, que ellos se dedicarían a la empresa y la mujer solamente al hogar, enfrentándola a un problema que antes no exitía: Maternidad, sí – Trabajo, no.

    Esto significó una pérdida importante en la identidad intrínseca de la mujer, quien se sabe llamada a darse, no sólo a su marido y a sus hijos, sino también a la sociedad. La mujer del s XIX, como la de hoy, estaba convencida de poder atender hijos, marido, casa, sobrándole aún tiempo y capacidad para amar a los demás. Su naturaleza, llamada a la entrega, se sintió aprisionada en un espacio que le quedó chico y, con toda razón, se rebeló.

    Fue entonces cuando la mujer, representada por el movimiento que iniciaron las ideas de Simone de Beauvoir, pidió el derecho de volver a trabajar, porque se sentía insatisfecha solamente con el trabajo de la casa, pero… aquí estuvo el gran error… el movimiento feminista, en lugar de pedir sus derechos de mujer, como mujer, pidió que la devolvieran al mundo laboral con condiciones iguales al varón. Al ser aceptada su propuesta, se metió en mil problemas, pues la mujer nunca podrá trabajar como un hombre. La mujer debe trabajar como mujer y el hombre como hombre.

    No niego que la mujer es capaz de cubrir las responsabilidades de cualquier puesto de trabajo, y las puede cumplir tal vez mejor que cualquier hombre, pues por su misma naturaleza llamada a la entrega incondicional, involucra toda su persona en lo que realiza, se apasiona fácilmente y tiene una fuerza impresionante para vencer los obstáculos. Pero, para hacerlo bien, lo tendrá que hacer en su estilo femenino, de una manera integral, sin olvidar ni abandonar en ningún momento, su condición de ser esposa, madre y ama de casa.

    Al exigir condiciones iguales al hombre, la mujer se vio enredada en unas “reglas del juego” imposibles de cumplir sin descuidar sus otros roles : horarios fijos de trabajo, jornadas extensas, competencia dentro de la empresa. Con estas condiciones, iguales a las del varón, incompatibles con sus roles de esposa y madre, la mujer se enfrentó al dilema contrario: “Trabajo sí, maternidad no.”

    En lugar de luchar por su derecho a darse, a entregarse a los demás, a enriquecer y ayudar al mundo, que es la inquietud del corazón de la mujer, el movimiento feminista distorsionó el mensaje y exigió para la mujer cosas totalmente contrarias al amor, cosas nacidas del egoísmo: el derecho a desarrollar-se, a superar-se, a enriquecer-se, a auto-realizar-se.

    Con esto, la mujer perdió su identidad como mujer. El corazón de la mujer se deterioró cambiando el amor y el deseo de darse, por el egoísmo y el deseo de auto-realizarse.

    Como consecuencia directa, la familia se empezó a deteriorar, por tener en su seno mujeres francamente deterioradas… mujeres que empezaron a ver a los hijos como “enemigos” u “obstáculos” de su auto-realización y que empezaron, por lo mismo, a tener menos hijos, más tiempo para sí mismas y por ende, más egoísmo, del cual ahora son víctimas los esposos, los hijos y la sociedad.

    ¿Qué podemos hacer para encontrar la verdadera realización?
    El secreto está en regresar a lo propio de la mujer, que es la entrega de sí misma. Sólo entregándose totalmente, es como la mujer se puede sentir auténticamente realizada.

    Hoy más que nunca, el mundo necesita de la mujer. La mujer no puede, ni debe, desperdiciar los dones que ha recibido, aún cuando haya decidido no trabajar para una empresa de manera formal.

    Es injusto, no sólo para ella, sino para la sociedad completa, que una mujer que ha estudiado, que tiene una carrera profesional, que sabe varios idiomas, que tiene un corazón enorme para entregarlo a los demás, se quede con esos dones escondidos, guardados e inutilizados, llenando su tiempo libre en los gimnasios, los cafecitos, los centros comerciales y los salones de belleza.

    La mujer plenamente realizada, no es aquélla que obtiene grandes éxitos profesionales a costa del descuido de su familia. Tampoco aquélla que se queda en casa de una manera egoísta, cómoda e insatisfecha. La mujer que se siente realizada, es la que ama y se siente amada, la que se entrega de manera plena, a su marido, a sus hijos y a la sociedad.

    Así como comer, dormir, bañarse y cocinar, jugar tenis e ir a visitar a la amiga, son compatibles con la maternidad y la correcta educación de los hijos, también es compatible trabajar. Nunca debió de hacerse esa separación, pues el trabajo no es un derecho de la mujer, sino una responsabilidad natural para con el mundo entero.

    El secreto está en hacerlo por amor y no por egoísmo, por compartir lo mucho que se ha recibido con el mundo y no por querer ocupar un lugar exitoso. Los hijos se darán perfecta cuenta de las intenciones de su mamá. Así como aborrecerán a una madre egoísta que los abandona sólo por buscar su propia satisfacción, la admirarán en cambio, si saben que los deja un rato por ir a hacer el bien en un mundo urgido de su sabiduría, ternura y cariño.

    Me gusta mucho tu blog y por eso te doy mi opinion.
    suerte y adelante MUJER!

  9. Rocio dijo:

    A los que piensan qué difícil ser mujer, que paloma eso de la envidia entre las mujeres…
    Tienen toda la razón.
    Toda aquella mujer que es insegura, celosa, envidiosa, inepta, egoísta y romántica siempre se dejará llevar por la idiotez y la estupidez.
    Advertencia: no es degradación a ninguna miembra de nuestro género femmenino, es la opinión del cristal con que se mira.

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