Otra historia urbana sobre hombres que silban.

Quise tirarle una piedra a un hombre hoy en la tarde. Odio que extraños me silben el calle (en cualquier otro lugar, para esa gracia). Y cuando digo tirar una piedra, quiero decir tirarle una piedra al parabrisas, gritarle a mi papá para que llamara a la policía -aunque sea por deporte- y reventarme los pulmones enterando a toda la cuadra que estaba siendo acosada sexualmente (sí, es acoso sexual, pero pasa tan seguido que a nadie le importa). Pero en fin, eso hubiera sido muy imprudente, porque iba entrando a mi casa. Si hubiera vandalizado el carro del bicho, él se hubiera vengado.

Mmmmmm, vandalismo…

Eh, quiero decir, qué coraje.

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