La señora que hacía bolígrafos y no sabía sobre huellas digitales.

Hoy tuve que ir a reponer mi DUI. La fila era inmensa (qué raro).

Me apena un poco decirlo, pero hubo cierto tráfico de influencias, al punto que salí del lugar a los 20 minutos. No es lo más ético del mundo, pero creo que hubiera sido un poco estúpido de mi parte decir: “no, gracias, voy a esperar las tres horas completas del trámite”.

Reponer documentos (los perdí todos, iban en mi billetera…la cual también se perdió) es abatiente. No es tanto el dinero como el estrés de ir de ventanilla en ventanilla, y de cola en cola. Es un gasto de tiempo exagerado.

En fin, ese no es el punto. El punto es que había llegado al paso 4 del DUI (la entrega), y una señora de la tercera edad se sentó a la par mía. Yo odio hablar con extraños en edificios gubernamentales, pero ella era muy, muy agradable. Me comentó que las marcas de los dedos eran raras, y que quizás eran diferentes para cada persona. Le expliqué un poco como es eso de las huellas digitales, que sí son diferentes para cada persona y todo eso, y ella me dijo que qué bueno, porque tal vez así dejaban de condenar a tanta gente inocente.

Mientras se veía los dedos me enseñó las ampollas en su pulgar. Son de mi trabajo, me dijo. Le pregunté en qué trabajaba. Trabajaba, ya me estoy jubilando. Hago bolígrafos. Solo asentí y seguí con la conversación, pero por dentro sentí una enorme indignación. ¡¿Hacer bolígrafos?! ¡¿Qué clase de puto trabajo es hacer bolígrafos?! Obvio, alguien tiene que hacerlos, pero ¿no hay máquinas para eso? Apuesto a que la señora ni siquiera ganaba el salario mínimo.

Ella era de esas personas completamente humildes. Me habló de su pensión y sobre algo del Seguro (social). Me hubiera gustado hablar más con ella, saber sobre su familia (algo me decía que tenía hijos en Estados Unidos)…pero no me pareció apropiado hacerle preguntas tan personales.

Dijeron mi nombre, le dije “compermiso” y me dieron mi documento. Nos despedimos, y salí del edificio. El hombre delante de mí en la fila que hice al inicio, apenas estaba entrando al paso 1 (y sentí una mezcla de pena y alivio).

Ni siquiera le pregunté su nombre a la señora.

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