Hace poco leí este interesante post. Pensé en responder con un comentario, pero al ver que se volvía demasiado largo, desistí. Espero que esto se considere un contraargumento a las ideas expuestas en el post citado, y no una maniobra vengativa.
Si se fijan la mayoría de canciones que se han realizado dedicadas a la mujer consisten mayormente en exaltarlas y embellecer su existencia, en cambio muchas de las canciones dedicadas a los hombres su mensaje primordialmente es para decirnos que somos sinvergüenzas, no me cabe en mi cabeza que nada mas seamos eso para ellas.
Aún antes de que terminara la maduración de mi córtex, escuchaba música rock, y tenía mis propios Guitar Heroes. Todos hombres. De escuchar su música me pasé a leer sus biografías; y luego las biografías de sus groupies. Aparentemente, los hombres son músicos; las mujeres, musas. A lo mejor, es porque los hombres ven a las mujeres, y las mujeres se ven a sí mismas. Otra hipótesis es que no ha escuchado a muchas cantantes femeninas. Una más, es que sí ha escuchado suficientes, pero como “la mujer es romántica”, que cante sobre su ser amado no tiene mayor saliencia. Una mujer insultando a un hombre, llamándolo culebra ponzoñosa, eso es saliente.
Lo que he notado de la actual mujer moderna es que cada vez se están descomprometiendo de su labor en el hogar, con esto no quiero decir que sean las esclavas de la casa, pero deberían de entender que son el pilar del hogar. Es lo que suele decir la Iglesia Católica. Curiosamente, acaba de salir una nota sobre esto del trabajo del hogar, el hombre agrega alrededor de siete horas de trabajo doméstico a la mujer. Estas son demandas muy arraigadas, que se remiten a la “naturaleza entregada” de la mujer, y la Iglesia Católica será la primera en decir esto. A partir de un estudio del 2005, Paterna, Martínez y Rodes (”creencias de los hombres sobre lo que significa ser padre”. Revista Interamericana de Psicología. Vol. 39, Num. 2, pp. 275-284), encontraron que muchos hombres pueden haberse vuelto más colaboradores en el trabajo doméstico, pero siguen pensando que no es responsabilidad suya; es responsabilidad de la mujer. De ahí la exigencia de tomar “el rol como espíritu del hogar”. Y no sólo en cuanto a trabajo doméstico. Los comerciales de televisión dejan bien claro que la mujer es quien se preocupa por cuidar a su familia y el producto que se anuncia es, en este sentido, un medio para ello.
[Se me viene a la mente el anuncio de Colgate...suelo imaginarme que mientras la señora cuida que su hijo tenga aliento fresco, su hija, protección contra la caries y su esposo, sonrisa blanca, ella tiene sus propios dientes picados, y no hay una cuarta ventaja de usar Colgate que le salve su dentadura]
Entiendo que las mujeres quieren hacer muchas cosas de los que hacen los hombres. ¿Qué hacen los hombres? Si lo dije una vez, lo digo de nuevo: muchas actividades que se consideran exclusivas de hombres [y mujeres] (con excepciones biológicas) en realidad suelen ser genéricamente neutrales; cualquiera podría hacerlas, con algún entrenamiento o con voluntad. Yo reviso el aceite de mi carro, leo Cosa de Hombres de La Prensa Gráfica, toco guitarra y uso pantalones. ¿Eso me hace ver como que quiero ser hombre? Lo siento, no. Estoy pendiente de que no se jodan mis cosas, me gusta leer sobre deportes, me gusta la música, y resulta que los pantalones son cómodos (juegue fútbol en falda, a ver si le dejan en paz). Aparte que lo de los pantalones salvó un poco mi autoestima uno de estos días; un tipo adelante de mí en una fila tenía una camisa que decía “if it has wheels or a skirt, you can afford it“. Ouch. Yo sé: sólo era una forma de reafirmar la idea del objeto que se conquista, con dinero o con palabrería sobre su belleza, aunque aquí no era lo segundo. Por suerte a la par tenía otro hombre, pero esa historia es de aliados y de sistemas límbicos.
Fin (por hoy, por suerte).