Por qué leer El Asco.

12 06 2008

A los pobres estudiantes de una universidad aquí en San Salvador les han exigido leer un libro cuyo título lo dice todo: “el asco”. El título refleja la clase de escrito que es, el estado mental del autor, la confusión del mal llamado maestro y buena parte de lo que sucede en este suelo. Pero además de leer ese asco, tendrán los alumnos que “representar” su contenido frente a otros, como quien esparce basura por un vecindario.

Obligan a estudiantes lo que nada vale
(ahórrese el click y el comportamiento potencialmente malicioso de la página de mentiras*; si interesa el resto, pág. 24 en la edición de ayer).

Como no es extraño, no estoy de acuerdo con el punto de vista de este editorialista. Sobre el libro, SoySalvadoreño ya lo comentó aquí. Más que recibir elogios o críticas negativas, lo importante de una pieza de literatura es que no te deje indiferente, y al menos en eso, y en la vigencia de muchos de sus tópicos, el libro no falla.

Retomo este editorial por una razón: Miguel Huezo Mixco, un columnista de La Prensa Gráfica, contraargumenta por qué leer El Asco. Con perdón y sin permiso, reproduzco su columna casi en su totalidad:

Vista una década después de su publicación, es necesario insistir en que esa novela plasmó la frustración de la posguerra salvadoreña. La virtud del texto reside precisamente en darle un “cuerpo literario” y convertir en una ficción las amargas expresiones de desencanto hacia el país de finales del siglo XX.

… Muy poco ha cambiado en El Salvador desde la publicación de “El asco”. La nueva contienda política ya ha puesto en marcha las maquinarias del lenguaje destinadas a corromper hasta el aire que respiramos. Basta con abrir los diarios. Si bien no tienen la virulencia de los años del periodo bélico, los deseos de revancha, la baja autoestima nacional, la exaltación del nacionalismo como tópico principal de la esfera pública, la transformación de la información en propaganda y de la propaganda en verdades incontestables siguen desencantando a miles de personas, especialmente a los jóvenes que prefieren lanzarse a los peligros de cruzar los desiertos del norte para ir a trabajar, mientras se lee que aquí todo va bien, y que todo iría mejor si no fuera por los criticones.

Algunos de esos ataques se lanzan, por eso mismo, hacia tópicos sagrados de la salvadoreñidad que el personaje desprecia. Esos ataques son los que han provocado las reacciones más enconadas en El Salvador, al punto que algunos han sugerido que el libro es una lectura nociva para la juventud.

Pero el mecanismo oculto del monólogo de Vega no es tanto el evidente asco que siente hacia la sociedad de sus orígenes, sino la revelación de su propia intolerancia. Una intolerancia que, si volteamos la página hacia la realidad del país allí representado, alentó persecuciones y produjo homicidios. Hijo y protagonista de su sociedad y de su tiempo, aquel personaje no parece enterarse de que él mismo resulta ser parte de toda esa basura que detesta. Ese es el espejo terrible de la obra…

No dudo que este libro toca fibras inherentes a ser salvadoreño. Si no te gustó el libro, qué bien; el personaje llega a ser molesto, hay que admitirlo. Pero si hay una moraleja de todo esto, es que la indignación visceral nos hace apartar la mirada del mundo y de nosotros mismos. Detrás de la palabra impresa, hay un significado adicional y una intención sutil pero fundamental; si se enseña a ser lector, y no sólo a leer, se encuentran. Huezo Mixco encontró ese trasfondo, de eso se trata su columna. A lo mejor Altamirano también lo encontró (al menos admite que algo “sucede en este suelo”), pero no le gustó. Le dio asco el espejo terrible.

* Google bomb





Invisibles.

9 09 2007

Siete capturas por violación de menor

Según la PNC, la joven de 17 años se vio, en algunas ocasiones, privada de libertad por sus abusadores, identificados como miembros de pandillas, y abusada en reiteradas ocasiones por lapsos de, incluso, días.

Muchas noticias me dejan pensando, pensando en quienes las protagonizan. Y particularmente con las noticias de abuso sexual, que son diarias, me quedo pensando en las víctimas. Si mínimamente se les considera víctimas, si se les hará justicia, si van a recibir la ayuda que necesitan, o si, por el contrario, van a ser revictimizadas, una y otra vez. Por romper la unidad familiar, en caso de incesto, por haberse “ofrecido”, porque fue su culpa que esto pasara.

¿A cuanta gente conoce usted que ha sufrido abuso sexual? De cualquier tipo. Probablemente más de las que se imagina. Hace varios años un amigo me contó su historia, 3er grado en un colegio capitalino, y su profesor de deporte. Desde entonces, me quedó la espina…por supuesto esto no es algo que uno estaría dispuesto a divulgar, porque a pesar de todo, la vergüenza y la culpa sigue recayendo en la víctima. Sigue siendo un problema invisible, lo confirmé hace algunos días, cuando otra persona que conozco se animó a contarme lo que le había pasado, hace ya muchos años.

Sordomudo salvadoreño es acusado de violación y muerte

Días atrás, la comunidad se había conmocionado por la violación y asesinato de la joven Brittany Binger, de 16 años, quien tenía mala reputación en el poblado.

Sin embargo, en el cuerpo de Brittany Binger –quien se ha especulado que pudo haber aceptado dinero por tener sexo con Martínez- se encontró semen, el que luego de las pruebas de ADN hechas en pajillas y botellas de cerveza en el restaurante, concuerdan con el sordomudo salvadoreño.

Se duerme mejor pensando en un Mundo Justo. Es más fácil dormir pensando de que las cosas malas le ocurren a la gente porque se lo merecen, o porque se lo buscaron. Las preguntas “¿por qué se dejó?”, “¿por qué no hizo nada?”, “¿por qué no le contó a nadie?” dejan limpia la conciencia propia. Podría responder esas preguntas, como sé que todas estas personas invisibles podrían hacerlo. Pero quienes preguntan, no están interesados en oir las respuestas. No preguntan porque les importe saber.

Clientes de un bar que Martínez frecuentaba lo describen como afable, bromista y acostumbrado a tirar besos a las mujeres, sin mostrar indicios de violencia hacia ellas.

Parece que cuesta dejar esto en claro, pero no es que les guste la persona; al menos no tanto como les gusta el poder que sienten sobre ella. Para quedársele viendo el tiempo que quieran (aunque desde las reglas de urbanidad es de mala educación), para tirarle besos. Para tirársela si de todos modos “ya tiene mala reputación”. Pues, duerma bien.





El aprendiz de traficante.

16 06 2007

Estas semanas nos ha tocado poner en marcha un taller para cuidadores y cuidadoras de niños en situación de calle. Hay mucho que contar sobre eso, pero por el momento me centro en algo que conversábamos con algunos de los asistentes, acerca del consumo de droga en estos niños.

La intervención que realizan instituciones de esta naturaleza se ubica en el nivel terciario de prevención, cuando en realidad ya no es prevención sino rehabilitación. Estas instituciones suelen recibir críticas, porque no van a los lugares donde se encuentran todos estos niños y niñas y los “recogen”, algo así como tirar la atarraya a ver qué sale. Por supuesto, no cuentan con los recursos materiales ni humanos para hacer frente a la cantidad de niños y niñas en estas condiciones. Como reflexionaba un participante, mientras las instituciones no gubernamentales colaboran tratando de paliar el daño, a las instituciones gubernamentales les toca, idealmente, evitar que se produzca este daño.

A los niños y niñas no se les puede “recoger” instantáneamente, llevarlos a un hogar y esperar que sean agradecidos por ello. Primero, porque el entorno en el que han crecido los ha llevado a desarrollar comportamientos de supervivencia que, en una situación estructurada (como una casa hogar), no funcionan; al niño de la calle se le imponen reglas cuando es institucionalizado, y después de estar al menos tres o cuatro años haciendo lo que quiere en la calle, seguir reglas y obedecer a una figura de autoridad no es algo que esté dispuesto a hacer.

Tampoco pueden sustraerse de su entorno porque muchos ya son carne de cañón para el narcotráfico. Contaba un cuidador, que tenía como tarea ir a hablar con niños en la calle (para eventualmente tratar de integrarlos a la casa hogar), que muchas veces hay un adulto -vendedor de droga- rondando, pendiente de lo que dicen los niños y lo que hacen las personas de la institución. Llaman a los niños después, para saber qué hablaron y, si es necesario, para amenazarlos con no hablar de más. Los traficantes no quieren perder sus trabajadores.
Recordé esto ahora con una lectura, “Narcotráfico y Desarrollo” (L. Guiridi, 1995, universidad de Deusto, Bilbao). Este artículo está referido sobre todo a América del Sur, y tiene sus años, pero…tal vez usted encuentra el pero.

El Informe sobre Desarrollo Humano 1994, del PNUD, plantea la necesidad de reinterpretar el concepto de seguridad basada en la defensa contra la agresión externa, entendida como protección de los intereses nacionales en la política exterior (…) la nueva concepción de la seguridad humana debe basarse en la protección frente a la amenaza de la enfermedad, el hambre, el desempleo, el delito social, la represión política y los riesgos del medioambiente (…). Cuando la seguridad de la población está amenazada en cualquier parte del mundo, es probable que el resto de los países se vean afectados.

En este contexto general, uno de los fenómenos más significativos y preocupantes a escala mundial y que refleja, de manera más clara esa interdependencia dentro del concepto de seguridad humana, es el del narcotráfico. El narcotráfico viene a recordar que la pobreza y la miseria de las grandes zonas productoras de drogas ilegales en el mundo no son independientes de los problemas que genera los modos de vida de los países industrializados.

(…)

Hoy en día, prácticamente todos los países de América Latina participan en alguna fase de la cadena del narcotráfico: Bolivia, Perú, Colombia, Guatemala, México, Ecuador y Brasil en la producción; Argentina en la transformación; Chile, Venezuela, Belice, Surinám, Panamá, Haití, Puerto Rico, El Salvador en el tránsito; Venezuela, Panamá, Uruguay, Chile, Islas Caimanes, en el blanqueo.

Las políticas de estabilización económica y ajuste estructural ejecutadas bajo las orientaciones del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial en numerosos países de África, América Latina y Asia durante la década de los ochenta han contribuido también a dinamizar la producción y el tráfico de drogas.

Con el objeto de lograr, en el corto plazo, el control y la estabilidad de las principales variables macroeconómicas y, en el largo plazo, la transformación estructural de sus economías, se ha adoptado una serie de medidas de carácter fiscal (elevación de precios y tarifas públicas), cambiario (tipo de cambio único y flexible), monetario (devaluación, limitación, crecimiento de la masa monetaria), reducción del gasto público (subsidios, congelación de salarios, gastos de inversión, salud y educación), liberalización del comercio exterior (reducción de aranceles a las importaciones, eliminación de aranceles e impuestos para las exportaciones), salarial (libre contratación), privatización de empresas públicas, etc., orientadas todas ellas al logro de los mencionados objetivos de estabilización y ajuste.

Las consecuencias más directas de este ajuste, además de lograr un relativo control de las variables económicas, han sido, en términos generales, la agudización de la desprotección social, la exclusión y la pobreza para la población más vulnerable. La participación en la cadena del narcotráfico ha resultado ser una de las formas para enfrentar la crisis (…)

Los recursos generados por las drogas tienen efectos diversos en las economías de los países productores. En el corto plazo, sus efectos se reflejan en el comportamiento de variables como el empleo, el ingreso, las exportaciones, las importaciones, el tipo de cambbio, disponibilidad de divisas de la economía, estructura y niveles de precios. A largo plazo, tiende a producir cambios estructurales en los países donde se ha aplicado.

(…) Los recursos del narcotráfico tienen un impacto considerable en la generación de empleo inducido en el sector informal, especialmente a través del contrabando.

El narcotráfico ha sido utilizado con mucha frecuencia para justificar las limitaciones a la soberanía nacional (…) El narcotráfico es una seria amenaza para la democracia y los derechos humanos al tiempo que socava profundamente las propias bases del estado de derecho por la enorme capacidad de corromper el conjunto de las estructuras del Estado, tanto el poder legislativo, como ejecutivo o el judicial. La probada capacidad de influir en jueces, magistrados, policías, militares, e incluso gobiernos enteros impide el establecimiento de unas normas de convivencia básica, el respeto a las normas del estado de derecho (…)

En términos resumidos: ¡¡¡el narcotráfico es un flagelo social!!!…pero tiene su gracia…

Así que, para terminar la historia: esta historia no termina. Muchos niños se quedan en situación de calle, trabajan (”trabajan”) con los traficantes de droga, siendo mensajeros, cobradores, y tal vez, eventualmente, consumidores, cuando les paguen en especie. Pero, recémole al Divino Padre y retomemos la esperanzadora idea de don Altamirano, de El Diario de Hoy, “mejor que sean curileros a que caigan en la droga” (comentada por Hunnapuh y El Trompudo) [¿no es que hay cierto tipo de trabajo agrícola en el que los niños deben fumar...?]; mejor que sean extorsionadores a que sean drogadictos extorsionados.





Artículo 296: “El que de cualquier manera…”

27 05 2007

La moral, según Roger Brown, constituye una postura valorativa ante un objeto, y esta valoración lleva a actuar de determinada manera frente a él. Las normas morales surgen a nivel colectivo, pero están dirigidas fundamentalmente al comportamiento individual.

Hoy en la revista Enfoques, de la Prensa Gráfica, aparece en primera plana “Pecado o Delito“. LPG realizó un foro con cuatro juristas, que analizan el artículo 296 del Código Penal, artículo que, según el periódico, “podría ir al patíbulo por inaplicabilidad e inconstitucionalidades”. “A partir del miércoles, se castigará con cárcel a quien ofenda creencias religiosas“; esto encamina al país a mezclar “las leyes de Dios con la de los hombres“.

Si la condición es “ofender de cualquier manera una creencia religiosa”, ¿de las creencias de quiénes estamos hablando? Saber eso podría arrojar más luz sobre quienes serán los ofensores…¿metaleros, personas con tendencias homosexuales/bisexuales/pansexuales, personas divorciadas, personas feministas (o su equivalente, por “atacar” la santidad de la familia tradicional y el rol que se le confiere a la mujer en virtud de provenir de una costilla masculina), y quizás hasta Jon Sobrino, por sus escritos acerca de un Jesús escandolosamente humano e histórico?

Como sostuvo la jueza Aída Santos de Escobar en el foro de LPG, “los diputados cometen el error de querer penalizar toda conducta que no esté acorde a sus pensamientos (…) ¿Cómo valorar las buenas costumbres? Para uno puede que lo sea, para otro no“. Los diputados también se han volcado a la religiosidad ["Para Morales: 'el objetivo de cada religión es imponer su ideología'"] , nombrando a la Virgen de Fátima como “diputada honoraria 2006-2009“.

La entrevista con el diputado Rodolfo Parker deja entrever que ni siquiera él puede operativizar cuándo penalizar una conducta. Se limita a remitirse a la moral…a la suya, claro. A la de “nosotros”, y que nuestro Dios se apiade de usted si su moral no concuerda con ella. Confunde la moral con el convencionalismo social, y hace salvedades a la penalización si se es “puta” o filósofo, a los que se tatúan por rebeldía, a los buseros que pitan porque hay trabazón…así como casi cualquier acto ofende, casi cualquier acto puede tener una justificación que lo despoje de su calidad de ofensiva.

No puedo decir en qué va a terminar todo esto. Pero me parece que si la capacidad que los diputados tienen de imponer la regulación social se hace a través de sus propios criterios, de lo que ellos consideran moral y amoral, no se puede esperar en ningún momento una integración armoniosa de los diversos grupos en esta sociedad.

“El grupo social dominante tenderá a imponer su moral a la totalidad social y para ello se servirá no sólo de los mecanismos de poder institucional, sino sobre todo del discurso ideológico que convierte sus intereses en intereses universales y sus principios y valores de clase en principios o valores naturales”
(Martín-Baró, 1985, p. 164)

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La violencia, la causa y la estructura.

16 05 2007

Me llama la atención que hoy, por tercer vez, La Prensa Gráfica saca una edición en blanco y negro, en contra de la violencia. La edición aparece para coincidir con una coyuntura de disturbios, y en un clima generalizado de inseguridad y temor, que ninguna Mano Dura ni Mano Amiga ha podido parar (y, en un plano personal, cuando se acerca otro aniversario del asesinato de un amigo, y con la aparición del cuerpo de una persona desaparecida, que laboraba en mi universidad).

Pero mientras en La Prensa se dice todo lo que hay que decir acerca de la violencia (¿?), El Diario de Hoy -de hoy- muestra imágenes de acciones igualmente violentas, en respuesta a los disturbios, pero con otra connotación:

Cuando la autoridad es quien ejerce la violencia, se le llama, tal y como dicen los pies de fotos, “poner orden” o “hacer su trabajo”. ¿De quién estamos aprendiendo que la violencia es el medio más efectivo para resolver el conflicto? Y ni siquiera que se le llame aprendizaje, pero el mensaje, nada nuevo, es que agredir es aceptable, siempre que haya una “buena razón” para ello.

En LPG de hoy (p. 14), aparece una columna del subjefe de información del periódico, por desgracia, con prevenir no es suficiente: menciona los primeros pasos, “con aportes en educación, en ciudadanía, en maduración en familia, en reflexión intelectual”, para poner en marcha proyectos que atienden problemas de la niñez y la adolescencia.

(…) no servirá de mucho si desde las instituciones públicas y organizaciones sociales no edificamos al mismo tiempo un entorno de certezas y verdades en el que pueda encontrar asidero esa promesa (…) la reducción de riesgos, la generación de oportunidades, la despolitización del problemas y las soluciones, la articulación de planes municipales y regionales, el urgente combate a la impunidad, son imprescindibles para no convertir la inyección de esperanza en una alevosa mentira.

Me daban ganas de decir “¡eso también es prevención!”. Es la prevención más difícil, porque implica meterse con las estructuras de poder. Las mismas que mandan a los policías a “hacer su trabajo” de una forma determinada, y que mantienen una situación de anomia social que se traduce en violencia estructural. Hay violencia estructural, no sólo cuando aparecen los antimotines; la hay cuando los derechos humanos, en lugar de derechos, son considerados “necesidades”, y como tales, dependen de la buena voluntad de quien tiene los recursos, para ser paliadas, parcialmente y a corto plazo.

En Comunitaria, es habitual ir a trabajar con niños y niñas en las comunidades (por las mismas limitaciones teóricas y prácticas de la materia). Es habitual que se les hable de sus derechos. Pero llegan a la casa y se les pega, se les grita; la niñez no tiene forma de defenderse. Entonces, ¿cómo evitar el maltrato infantil? Los medios pueden variar, pero se necesita cambiar toda una ideología basada en el adultocentrismo, se necesita cambiar la visión de los niños como “adultos en pequeño”, o que se están preparando para ser adultos (¿a usted, adulto contemporáneo, le gustaría que le dijeran que lo es porque se está preparando para llegar a la tercera edad?), y que si se les castiga con cincho, con hincarlos en maíz (o, como a los niños del CISNA, colgarlos de los pies), es porque serán “personas de provecho”. Ahora, cambiar todo eso es más difícil que llevarle una piñata a los niños y pedirles que monten un sociodrama. Igual, ¿a quien le importa? A nivel macro, el artículo 44 de la Convención de los Derechos del Niño obliga al Estado a presentar informes sobre las medidas adoptadas para dar efecto a los derechos reconocidos en la Convención, y el progreso realizado en el tema. Sin embargo, “El Salvador presentó su primer informe en 1992, pero, para el año 2002, aún no había presentado el correspondiente al siguiente período, cuya fecha límite fue el 1 de septiembre de 1997 (FESPAD, 2002, p. 95). Los derechos humanos son lineamientos que deben guiar las intervenciones.

En este sentido, la evaluación de acciones, proyectos, etc., es otro paso fundamental que ha sido omitido por las instituciones, más allá de, por ejemplo, hacer la numerología penitenciaria en el tema de la delincuencia (LPG, 22 de abril de 2007).

He tenido un gran profesor, don Maitrito, que nos introdujo al mundo de la causalidad estructural (puede leerse sobre ella aquí), como método para explicar un fenómeno y proponer soluciones a partir de la comprensión biopsicosocial del mismo. Al principio nos quedamos un poco perplejos, no sólo por las enormes arañas que constituían la explicación de algún problema, si no porque nuestras propuestas de intervención, eran refutadas por él. Porque nos íbamos a lo que decía el señor de LPG: proyectos puntuales; capacitaciones; talleres. Todo a nivel individual, y a lo mucho familiar.

Lo usual es pensar que ocurrió algo y eso causó el cuadro sintomático; el algo se ataca y se acaba el cuadro. Pero las explicaciones resultaron ser más complejas que el planteamiento causa-efecto (ahorita el contenido es lo de menos):

Hicimos la propuesta de intervención a partir de ello, con el ámbito, las actividades, sus propósitos y los responsables de llevarla a cabo. Ciertamente nos sentíamos ilusos escribiendo algunas cosas, porque “lijenciado, eso no se puede hacer…nunca se hace”. Pero él insistía, la única forma de saber cómo hacer bien las cosas era, primero, saber cuáles eran esas cosas que había que hacerse y -fundamental- quién debía hacerlas. Puede decirse “es tarea de todos”, como el slogan de Turismo, pero ¿qué le toca a cada quien? En el caso de la violencia, por supuesto que todos tenemos responsabilidad. Pero que este gran sentido de ferviente compromiso ciudadano no sea invisibilizador de la responsabilidad que también tienen los aparatos gubernamentales. Después de todo, para eso se les elige. En teoría.

Ninguna problemática, por muy intrapsíquica que sea, está desligada del contexto de la persona. Y si esto es así para un trastorno individual, pues lo será mucho más para una problemática que abarca -me atrevo a decir- todos los ámbitos del país. Implica tener un gran conocimiento teórico que proviene de la investigación (el Gobierno podría salir ganando si leyera algunos de los libros publicados por el IUDOP acerca de las pandillas, y la PNC podría deshacerse de su divino planteamiento de que somos violentos por genética), la apertura a un trabajo multiprofesional, la despartidización (nunca la despolitización) de las acciones, y la disposición a la evaluación constante del trabajo. Sobre todo, mucha paciencia y hasta creatividad. Inevitables y deseables las acciones para paliar los efectos inmediatos; pero paralelamente, debe hacerse un trabajo a largo plazo, en todo nivel, desde la disciplina infantil hasta la corrupción. Como decía el maitrito, “ese bolado no es así nomás”.