
CAMPAÑA DE LAS ZAPATERÍAS MD
INCITA A LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES
El 25 de noviembre, es el mes de la no violencia contra las mujeres, fecha elegida por las Zapaterías MD, para lanzar su campaña con la frase “Están de Muerte”. Lanza su campaña de terror, sin tomar en cuenta que cada año son asesinadas cientos de mujeres, hasta septiembre de 2007, habían sido asesinadas 257 mujeres.
Esta semana comenzaron a aparecer en medios y carteles una serie de estampas mortuorias de mujeres. Los zapatos se anuncian con mujeres en diferentes posturas, como si estuvieran muertas, y la publicidad las agrupa con la frase están de muerte*.
Se hace creer que los zapatos están “para morirse” que puede leerse como que están bellísimos o bien que las mujeres “morimos” por tener esos zapatos. Las mujeres son mostradas en la morgue o en posiciones que sugieren suicidio, o asesinato con una etiqueta amarrada al tobillo o descompuestas, en primer plano: un par de zapatos.
En la campaña se han explotando ideas sexistas de que las mujeres son esclavas de la moda** y capaces de suicidarse o morir por un par de zapatos. Estos anuncios naturalizan la violencia e incitan al feminicidio porque muestra cadáveres de mujeres***, enviando el mensaje que se puede ver la “belleza” de los zapatos, aún en un cadáver mostrado de forma erótica.
La moda es una cultura, ética y vehículo de transmisión de valores, sueños y emociones, por lo que es vergonzoso que MD utilicen un mensaje de violencia en contra de las mujeres, resulta inadmisible que se proponga con fines comerciales una imagen que incita a la violencia contra las mujeres y al feminididio, con el riesgo de generar perpetuar una cultura machista y fundada en la violencia.
Por lo tanto demandamos que las autoridades retiren inmediatamente esta campaña sexista.
23 de septiembre de 2007
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* A lo mejor es follow-up a las primeras campañas, donde un par de mujeres le echaban el carro encima a otra por los zapatos. Homo homini lupus, como decían en mi pueblo (en los tiempos en que se suponía que con decir hombre se decía mujer, por unas cuestiones de costillas), y de hecho, hasta donde tengo entendido, una mujer está detrás de la campaña. ¿A quién no le gusta ver cómo las mujeres se sancionan socialmente unas a otras?
** Benditos mitos de la esposa amante y el eterno femenino.
*** No debe tomarse como relación directa de causalidad publicidad –> feminicidio. La relación es en realidad más sutil, y acaso no tan letal a corto plazo, pero igual de problemática [Coon, 1998]: los medios reflejan los aspectos de la realidad según los intereses sociales de quienes los manejan, y llegan a ser instrumentos de socialización. Cada medio tiene una ideología y como tal, tanto de forma consciente como inconsciente la divulga a su público (Suárez, 2007). Neil Malamuth y Ed Donnerstein (1982) concluyeron que la exposición a estímulos sexuales o de violencia de los medios masivos de comunicación incrementa las fantasías sexuales agresivas, la creencia en los mitos de género y el comportamiento agresivo de la audiencia. Por su parte, Donnerstein y Daniel Linz (1986) concluyeron que “las imágenes violentas, más que las sexuales, tienen mayor responsabilidad en las actitudes de las personas sobre las mujeres”.
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El final de Suha, Lina y Nahed
Los ‘asesinatos de honor’ a mujeres ganan terreno en Palestina
Desfigurados sus rostros a cuchilladas, y degolladas, los cadáveres de Nahed, Suha y Lina -la menor, de 16 años; la mayor, de 22- fueron sepultados por varios hombres en el cementerio de Deir el Balah el 21 de julio. Alguien les vio, y la policía desenterró los cuerpos para trasladarlos al Hospital Shifa de la ciudad de Gaza.
En Kalkilia (Cisjordania), el 25 de octubre, los agentes hallaron a dos hermanas muertas en su casa y a una tercera mujer en un vertedero. Nadie dudó de que sufrieron los efectos de una tradición tan arcaica como brutal: los crímenes de honor. La familia es un pilar básico en los países árabes, y esa reputación depende en gran medida de la respetabilidad de sus mujeres. Las relaciones sexuales prematrimoniales o el adulterio se castigan a menudo con crueldad estremecedora. A veces basta con la sospecha. Claro está, siempre que sean ellas quienes quebranten esta norma de una sociedad patriarcal que nada hace por atajar estos desmanes.
Un pequeño grupo de personas se empeña, contra corriente, en denunciar tales atrocidades. Raji Sourani, presidente del Centro Palestino por los Derechos Humanos, y su ayudante, Mona Shawa, son de los pocos que combaten la lacra. El resto es un muro de silencio, aunque todos coinciden en las causas. “La ley vigente castiga con un máximo de dos años de prisión a quien comete un crimen de honor. En ocasiones existen denuncias, pero lo habitual es que los hombres confiesen. Se sienten orgullosos. El precio a pagar es soportable”, señala Sourani.
Las costumbres más conservadoras ganan arraigo paulatinamente en la sociedad palestina desde hace tres décadas. “Cuando preguntamos a las mujeres si estarían dispuestas a denunciar los malos tratos, se niegan porque están atenazadas por el miedo. Además, dicen que no es adecuado para ellas presentarse ante la policía o los tribunales”, lamenta Shawa. También la islamización de Cisjordania y Gaza avanza imparable, aunque todos apuntan que los crímenes de honor no pueden vincularse con la práctica religiosa. “Mire, yo procedo de un partido marxista, el Frente Popular para la Liberación de Palestina, y le digo que estos asesinatos nada tienen que ver con el islam. Es más, muy rara vez los autores del crimen son personas religiosas. Es una cuestión cultural que afecta a los estratos más pobres de la sociedad”, explica el laico Sourani.
“Los crímenes”, añade Sha-wa, “están relacionados con una cultura que vincula el honor con la mujer. Se han registrado casos en los que la madre ha ordenado la muerte de su hija, y a veces se paga a algún familiar para que asesine a la causante de la deshonra…”
En las calles de Gaza pueden observarse maniquíes con minifaldas, pero las mujeres ni se atreven, ni desean vestirlas en lugares públicos. Se utilizan exclusivamente para los ojos de los esposos, como la lencería sugerente expuesta en los escaparates. Una joven que acudía recientemente a una boda tuvo que cambiarse en el último minuto porque su hermano le prohibió el vestido que ella había elegido: un traje pantalón. Abdelkarim Khalut es el muftí de Gaza, la autoridad religiosa a la que acuden hombres y mujeres para resolver disputas comerciales, o recibir consejo sobre materias espirituales o mundanas. En su mezquita del centro de Gaza explica los casos en los que la pena de muerte debería ejecutarse. Entre ellos, el adulterio. “Para certificarlo es necesario que cuatro hombres sean testigos directos del acto sexual, lo que no ha sucedido nunca en la historia, o la confesión de la acusada”. Y raudo precisa: “Pero también si es un hombre el que lo comete. Y por supuesto debe ser un juez quien dicte la sentencia. La ley y las reducidas condenas fomentan estos delitos”.
Las estadísticas no son de fiar. En 2005, se tuvo constancia de cinco crímenes de honor; en 2006 se elevaron a 12, y en lo que llevamos de año son ya 13 en Gaza y 11 en Cisjordania. Porque en este río revuelto amparado por la ley del silencio más obtusa no faltan quienes tratan de sacar provecho de la legislación. “Hay casos”, subraya Shawa, “en que los informes médicos acreditan que las víctimas eran vírgenes. Otros asesinatos obedecen a motivos bien diferentes, pero los acusados alegan que se trató de un crimen de honor para beneficiarse de las breves condenas. La sociedad lo acepta. Sólo se mitigará esta costumbre con educación y con sentencias mucho más severas”.
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