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“Desnudos femeninos mejoran inteligencia masculina…” o de cómo los medios hacen arroz con mango.

Hallazgos científicos los hay todos los días, pero la mayoría son ignorados por los grandes medios de comunicación. De repente hacen eco de alguno, porque resulta útil, interesante o importante para compartirlo con la población general. Lastimosamente, en ocasiones los medios modifican de algún modo el contenido original, omitiendo o agregando información.

O como ha resultado en este caso, confundiendo el concepto de inteligencia con una simple mejora en el procesamiento visual a partir de un estímulo. Y a partir de ello, crear la ilusión de que hay una relación causal entre una cosa y otra:

Desnudos femeninos mejoran la inteligencia masculina: estudio.

De acuerdo con un estudio realizado en Finlandia, observar a mujeres desnudas mejora la capacidad de reacción en los hombres, que mirarlas en bikini o ropa.

¿Capacidad de reacción es lo mismo que inteligencia? Inteligencia se define de muchas formas, y el debate sobre qué es y no es, es muchísimo más complejo que lo que nos diría Wikipedia en su entrada sobre el tema. Sin embargo, tomemos un atajo y aclaremos: no, capacidad de reacción visual no es lo mismo que inteligencia.

Lo mejor en estos casos es buscar las fuentes originales. De lo contrario, podemos terminar creyendo, por ejemplo, que los usuarios del navegador Internet Explorer son menos inteligentes que los que usan otros navegadores. O para el caso que nos ocupa, podemos terminar justificando la instrumentalización de la mujer ante el hombre. Nótese cómo desde el inicio de la noticia anterior predomina la mirada masculina tradicional, y cómo el hombre sale beneficiándose (y gratificándose) a costa del cuerpo femenino. Se mantiene la dicotomía de hombre racional (inteligencia masculina) – mujer objeto (desnudo femenino), y que lo primero depende de lo segundo. ¿No es eso hasta un poco insultante? ¿Para hombres y mujeres?

Veamos el artículo original:

La verdad desnuda: la respuesta N170 sensible al rostro y cuerpo es mejorada ante cuerpos desnudos.

Hay un trecho muy largo entre lo que plantea el título de la noticia y el título del artículo. Brotip: cuando se encuentre ante estos intimidantes artículos científicos con tanta jerigonza, lea el abstract (resumen), está todo el estudio en 200 palabras o menos. Haciendo eso, vamos a los hallazgos (traducción nuestra):

Concluimos que el procesamiento visual temprano de cuerpos humanos es sensible a la visibilidad de características relacionadas con el sexo de los cuerpos humanos, y que el procesamiento visual de los cuerpos desnudos de otras personas aumenta en el cerebro. Este aumento posiblemente refleja excitación generada por cuerpos desnudos. Este procesamiento visual facilitado de los cuerpos desnudos de los otros posiblemente es beneficioso para identificar parejas y competidores, y para generar comportamiento sexual.

¿Se está hablando de inteligencia? No. Ni siquiera de desempeño en ninguna tarea en particular. Se está estudiando una región del cerebro y cómo reacciona ante estímulos que se relacionan a la evolución humana: desnudez versus ropa. Ciertamente, para la mayoría de personas (con región N170 incluida) un cuerpo desnudo es más saliente que uno con ropa, pero eso no significa que ver más gente ligera de ropa hará más inteligente a alguien.

Por otro lado, una forma de aumentar su inteligencia es manteniendo una mirada crítica ante “noticias” como estas.

***
Esto está en Psicoloquio, pero meh, quería ponerlo aquí también.

 

Cuando mirás dentro del abismo, el abismo mira dentro de vos.

El sátrapa implora “clemencia” mientras sus captores le gritan “perro” y le golpean. Golpes, insultos, empujones, una pistola en la sien… Numerosos vídeos grabados por los propios rebeldes han dejado patentes las humillaciones a las que sometieron al dictador libio, Muamar Gadafi, antes de su muerte. Ahora, dos nuevas grabaciones difundidas en la red sugieren que incluso pudo ser sodomizado.

Gadafi: sodomizado en cuerpo y alma.

Traté de escribir una entrada sobre este tema muchas veces. Más bien, trato (y no lo logro) de escribir sobre esto cada vez que leo Sala Negra de El Faro, sus escalofriantes relatos sobre la violencia, sobre el quehacer de las pandillas, el narcotráfico… Da miedo, pero da más miedo leer los comentarios, saber que los “ciudadanos honrados” tienen una hambruna por causar daño a los delincuentes igual o peor que la de los mismos delincuentes.

Y lo pensé de nuevo con Gadafi. Me lo imaginé, por ejemplo, con Pinochet y para qué ir tan lejos, con militares de El Salvador. Violadores, narcos, delincuentes violentos. Tanta crueldad por décadas y siempre salen ganando, por supuesto que se merecen que les pase algo. Lo pienso con aquel pueblo en España que cada noviembre unta brea en los cuernos de un toro y se ríe mientras el toro grita de dolor hasta que muere quemado: ojalá les hicieran lo mismo a ellos. Ojalá los torturaran igual, vivieran con las mismas penurias, supieran lo que se siente ser el blanco de tanto odio. Si los ponen a escuchar los relatos de sus víctimas, los minimizarán, los negarán, lo que sea, así que no vale perder el tiempo con eso de llevarlos al estrado.

Pero a las horas de las horas, bien dice aquel que no se puede resolver un problema con la misma mentalidad con la que se creó. La utilidad sociopolítica y hasta científica de llevar a criminales de este calibre, de cualquier calibre, ante los tribunales es enorme. Pero más allá de ese ámbito, si vas a juzgar, cuando vas a juzgar,  tenés que ser humilde. Bajate del pedestal de la alta moralidad; ser “ciudadano honrado”, “luchador/rebelde por la democracia”  no te da vía libre automática para actuar con la misma barbarie que tanto condenás. Y después, ¿quién te detiene?

Curiosa esta costumbre occidental de celebrar el asesinato de villanos remotos, de patrocinar su persecución y tortura. Nos excita pisotear fuera de nuestras fronteras los principios que reclamamos dentro. Nos fascina lo fácil que resulta omitir ese frágil protocolo que llamamos derechos humanos. Cuanto más desfigurado queda el rostro del villano, más exacto resulta como espejo. Asomarse es gratis.

Libia y la libido – Microrréplicas.

He querido decir algo similar al respecto de lo que pasa en mi país, pero no puedo. Capaz que la ciudadanía honrada me lincha porque “defiendo criminales” y que los derechos humanos son para los delincuentes. No me darían tiempo de decir que no es defender criminales; no tratarlos con barbarie no significa que los estás absolviendo de lo que han hecho. Simplemente, como me dijo mi tío Nietzche (así, voseándome), “tené cuidado con que, al pelear con monstruos, vos misma no te convirtás en un monstruo”. Ese monitoreo es posiblemente de las cosas más difíciles en este mundo, cuando te pasan por encima, cuando alguien te dice “ajá, pero si la víctima fuera alguien de tu familia…”. Es difícil, pero me rehúso a ser un monstruo.

"African American doctors attempting to save the life of a Klu Klux Klan member". Imagen y pie de página tomados del blog mi estimada y genial Karla (click en la imagen).

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Con esto, apreciable maitrada, llego a las 500 entradas. Gracias por acompañarme hasta aquí. Hay gente que cree fervientemente en el “calladita te ves más bonita” y de ser ese el caso, recomiendo que cierren los ojos. Esto se va a poner feo (e.g. la virtud de quejarse).

 

Meh, sin título.

I.
Lamento, blog y persona lectora, la ausencia. Tanto qué decir y tan poco tiempo para decirlo. Pero ese poco tiempo es porque estoy aprendiendo mucho y, aunque lo diga yo misma, porque me estoy convirtiendo en una mejor persona. Eso, y me quedé sin disco duro.

II.
Por favor, si tiene o va a tener hijas, deje de llamarlas “princesas”. Un par de veces está bien, pero un trato sistemático de tal naturaleza no pasa en vano, y de seguro se le viene a la mente alguna conocida suya que tiene tal complejo aún en la adultez. Hágale un favor a la sociedad. “¿No sería asombroso si pudiera ver el rostro de su hija iluminarse al pensar que ella podría ser presidenta algún día? Después de todo,  las probabilidades de que ella se convierta en presidenta son mayores de que se convierta en princesa”.

III.
Leía sobre el número de niños de la calle en El Salvador. Hay muchas críticas al movimiento de rescate animal por los esfuerzos que realizan, pero es aún más raro que la gente que hace esas críticas promueva la adopción y tenencia responsable de hijos, biológicos o adoptados. Y es que nues lo mismo verla venir que tenerla enfrente…la metodología de criar a una persona es considerablemente más compleja que la de criar a cualquier otro animal (“cualquier otro animal” es sin ánimo de ofender; en mi lucha contra el especismo, he notado que las personas somos mamíferos). En fin. Considerando que el periodo de gestación es uno de los hechos más maravillosos de la existencia pero que no siento ninguna inclinación particular por experimentarlo en carne propia, podría ir-sobre en el futuro. Win-win situation, que le dicen.

IV.
Decía, estoy aprendiendo mucho. Mucho. Estoy aprendiendo, entre otras miles de cosas, sobre deshumanización, y la tremebunda facilidad que tenemos para deshumanizar al Otro (¿se acuerda de la última vez que llamó “zorra” a alguien? En el genocidio de Ruanda, los Hutus llamaban a los Tustsis “cucarachas”. O lee más sobre el tema o confía en mí y sigue mi consejo: tenga cuidado con cómo trata a la gente). “Esperemos que la campaña de Stepping Stones traiga beneficio, haciéndonos pensar en las trabajadoras del sexo como personas, y no como el remate de una broma o víctimas sin rostro“.

V.
Quisiera decir algo sobre las lluvias que están haciendo colapsar al país, o al menos a los sectores que siempre colapsan. Quisiera decir algo útil, algo operacionalizable. Colaborar con los albergues es urgente e inmejorable pero temporal. “Obras de mitigación” me suena a intentos miserables, y aquí aplica lo que decía mi tío Yoda: “hacerlo o no hacerlo, no hay intentar”. No sé. Pase otro día, ¿oye? O deme ideas, sobre todo si sabe algo de infraestructura, construcción y/o prevención de riesgos.

VI.
Tan-tán.

Foto: Barry Bland

 

El patrón del miedo: tres histerias colectivas y contando.

En días como el de ayer, que se han vuelto tradición desde el 2009, prefiero alejarme de Twitter. En momentos así, lamento con particularidad profundidad que las ciencias sociales y humanidades no se le den bien al país, incluyendo a gobernantes, actuales y anteriores.

Recapituleishon:

Octubre 2009: Un día, un marero entró a un cibercafé y difundió una amenaza por correo electrónico. Asumo. Y ocurrió el tal “lunes negro” (el evento saliente debe tener nombre de farándula: el 5J, el Narcobarril); como diría Simeón, fue mucho mugido y pocas reses. Con Víctor retomamos este tema y hablamos de la dinámica del rumor.

Junio 2010: pandilleros quemaron un microbús, con sus pasajeros adentro. El espanto por tal crueldad me dio ganas de vomitar, pero mi lado mal pensado me dejó con algunas dudas técnicas. Por el lado de la vox populi, había mucho qué decir para contrarrestar una serie de argumentos que en lugar de contribuir a solucionar el problema, lo enredaban más. No me canso de decirlo, apreciable persona que lee estas líneas: infórmese bien de la historia, de los proceso sociales, de los puntos de vista de todos los sectores, y, ante todo, no deshumanice a absolutamente nadie. Muy justo puede parecerle deshumanizar a quien causa tanto daño, pero eso también lo convierte a usted en lo mismo que dice repudiar.

Septiembre 2010: este es el panorama:

Los titulares de la prensa hablan por si mismos, se especula que a raiz de la aprobacion de la llamada “Ley antimaras” y el golpe que se dió al narco-crimen con el decomiso de los barriles repletos de dinero, en una serie de acciones que pretenden aterrorizar a la población salvadoreña y golpear a las autoridades, las maras y el crimen organizado han lanzado una serie de hechos violentos y amenazas a la seguridad del transporte público y la integridad de los ciudadanos, asi como ataques aislados a las fuerzas de seguridad nacional.

¡Ahuevo, varón! Mejor que se maten entre ellos y de paso, así desaparece la pobreza. Además, los tiempos del Mayor eran tiempos de bonanza: “en las noches salíamos a sacar a mucha gente de las casas: profesores, estudiantes, mujeres de los mercados, hombres, de todo. Todo el que estuviera en una lista que nos daban, lo íbamos a traer y a muchos los matamos adentro de [las instalaciones de] la policía, allí mismo los enterramos“.

Detesto las futiles comparaciones con la guerra por razones que no vienen al caso, pero entiendo que estas acciones delictivas son un disparador al mejor estilo del trastorno de estrés postraumático colectivo. Y algo sí vale la pena retomar de esto: al menos entonces se sabía de quién venía el pencazo (aunque eso no siempre nos libraba de confusión…ahí está que el Ejército quiso hacer creer que fue la guerrilla quienes asesinaron a los jesuitas de la UCA).

En Ocurrente Irreverente: “¿Qué ganan?”:

No es mi intención decirle que no existe la probabilidad (por mínima que fuera) de que esta información sea verídica, pero ¿se acuerda que en octubre del año pasado dijeron exactamente lo mismo? Si lo recuerda, después de que todo mundo corrió despavorido invocando hasta al abuelo Tláloc, no pasó nada.
Mi tendencia a la desconfianza e incredulidad extrema me lleva a pensar que esta no es sino otra broma de pésimo gusto que a algún imbécil sinoficio se le ocurrió regar por doquier, y que todo mundo se ha dado a la tarea de esparcir aprovechando en particular el carácter viral de los medios sociales, a tal grado que ya nadie se cuestiona la credibilidad de la fuente de dónde provino la información.
.

Aquí una no termina de atinar si son pandillas o pseudopandillas, o un híbrido, o ninguna de las anteriores. O grupos de fachada, ve, chis. Sólo se sabe que “puede ser cierto o no”, y ya tenemos el antecedente de lo que puede pasar (digamos, quemar un bus y sus pasajeros), pero las más de las veces pasa como guerra psicológica: “reforzar y acelerar las acciones indirectas mediante agentes secretos: rumores, movimientos, etc., que alimentan la ‘guerra de nervios'; confundir a la opinión pública con olas de noticias verdaderas o falsas: este proceso puede ser expresado en los conceptos ‘quiebre’, ‘desintegración‘”. Y una quisiera no creer, y decir que no hay que dejarse intimidar. Pero con el historial que traemos, cuesta.

Diálogo sobre violencia:

Poner seguridad en la colonia en la que se vive, alambrar las casas, incluso electrificarlas, descansar en ranchos privados o en Centros Comerciales caros, exclusivos y con abundante seguridad, prescindir del transporte público y optar por el vehículo privado, son algunas de las estrategias contra la violencia.

Aminoran los riesgos individuales, pero nos desentienden de la solución del problema y nos convierten en personas de escasa solidaridad social. Y a menos solidaridad, se multiplica la tendencia al menor desarrollo social y a la mayor diferencia social y exclusión. Y se agrava el problema de la violencia.

Por eso, ante esa violencia que trata de acallar toda posibilidad de respuesta humanizante a los problemas sociales y personales, es imprescindible optar por el diálogo.

Y pues sí, ¿quién va a querer dialogar? Por la noche, el canal 21 presentaba las declaraciones de los pandilleros, de la 18 y de la MS. Fue bastante bizarro, y a ratos dudaba de que fueran realmente de las pandillas, más que de repente salen unos con demandas como si fueran un movimiento social X. En fin. Luego resultó que algunas personas se molestaron porque a los pandilleros les habían dado la oportunidad de salir en televisión, después de toda la zozobra y angustia que habían causado. Es darles más poder, es darles fama.

¿Podría alguien darme clases para expresarme mejor? En mi cabeza me sonaba a que yo hablaba de prácticas periodísticas, pero él leyó que yo dije que los pobrecitos mareros beneficiaban al país (quizás al disminuir la polución por los buses). TÍTULO ALTERNO: De cómo los estados afectivos alterados apendejan a la gente y les evitan que codifiquen correctamente los argumentos.

Y quienes han puesto el gran rótulo que dice: “¡GOBIERNO DEL FMLN, INCAPACES!”, deben estar así como súper contentos de que la gente está repitiendo su slogan. Y, a lo mejor son incapaces por mérito propio, no porque traen una épica estela de gobiernos desastrosos. Pero vuelvo a la idea de las ciencias sociales: creo que poca gente aquí ha, al menos, hojeado la documentación que comenzó a producirse al finalizar la guerra y que no ha parado hasta la fecha (e.g. visite el IUDOP). Las investigaciones apuntaban a lo que debía hacerse en el ámbito psicosocial; a los gobiernos de turno les valió chonga, a las grandes mayorías mucho más. La advertencia de que, de no tomar acciones, el país empeoraría es una constante en estos escritos. Este infiernito en el que vivo me espanta a diario, pero su mera existencia no me sorprende en lo más mínimo.

 

De la reflexión en tiempos irreflexivos.

Este es un artículo que hemos escrito entre Ligia y Virginia; cada blog tiene una mitad, aunque fue escrito totalmente en conjunto y en tiempo real gracias a la magia de Google Docs. La gente pregunta qué podemos hacer, como ciudadanía, para enfrentar esta espantosa situación de violencia. Proponemos esto como primer paso: informarnos mejor; adquirir conocimientos sobre por qué y cómo hemos llegado adonde estamos y cuestionar lo que creemos saber hasta hoy. No aturre la cara, usted preguntó. Soque. No tome personal los ejemplos que hemos seleccionado, porque no son más que una representación de un discurso generalizado.

Como lo vemos, las soluciones reales implican un esfuerzo que hasta hoy no estamos acostumbrados a realizar y no, no van a generar resultados para YA. Mucho se habla de “cambiar de actitud” pero eso requiere una reorganización a nivel individual, social, jurídico, que nos pide algo más que buena voluntad. Tenemos tanto encabronamiento y miedo como usted, y exigimos justicia, ya no queremos más víctimas. Pero esto que exigimos también exige algo de nosotros. Y créanos que no sonaríamos tan contundentes si no tuviéramos la certeza de que puede funcionar; las ciencias sociales nos respaldan, wiiii. De nuevo, soque.

En la sociedad posconflicto es previsible esperar cierto nivel de violencia. Este nivel se considera normal en el marco de reorganización social, incluso se contemplan repuntes de crueldad, los cuales tendrían lugar en un periodo de hasta veinte años después de finalizado el conflicto. Esto es porque las generaciones de pequeños que vieron la crueldad de la guerra aprendieron que ese nivel de salvajismo era cotidiano y tienden a imitarle. Pero la violencia pasó a ser una respuesta contextual a una característica de las relaciones interpersonales. Es durante estos veinte años y para evitar que los mismos se prolonguen que deben tomarse medidas desde el Estado para revertirle.

En El Salvador, sin embargo, dada la estrecha relación del orden criminal con el verdadero poder económico, esta prevención no tuvo lugar en los trece años de las posguerra en que ARENA tuvo el poder gubernamental. La situación de violencia, al verse incontenible -al menos en apariencia- reventó, obviamente, al darse el cambio de gobierno. Ahora la administración Funes se ve forzada a manejar no sólo los niveles de criminalidad común de un país históricamente violento, sino a paliar la radicalización del acto criminal como el de la noche del domingo 20 de junio. Lo peor del asunto es que lo está haciendo mediocremente.

Cualquier medida que se tome dentro del mes siguiente será simplemente un paliativo. Pero en este afán de mitigación está el problema. Mitigar es tapar el sol con el dedo: se puede hacer, pero es cuestión de perspectiva. Se necesitan cambios estructurales si se pretende erradicar el problema y no simplemente cubrirlo. Para eso se requieren consultorías, voluntad, alianzas de trabajo, pero sobre todo información y cabeza fría. Dejemos un momento para enfrentar el horror del crimen. Nos saca lágrimas de impotencia, rabia, indignación. De miedo.  Seres humanos, niños y adultos, con nombre, apellidos, familias y un lugar en la sociedad, asesinados salvajemente. Mañana podríamos ser nosotros o nuestras familias.

Después del shock, queremos respuestas, por qué pasó y si podemos hacer algo. Ahora, si no se tiene mesura en medio de un momento tan crítico, la ya de por sí poco informada vox populi puede llevarnos a externar opiniones poco afortunadas y extremadamente peligrosas, especialmente cuando se hacen en el seno de un espacio público (ej. Twitter, Facebook) y en el marco de la inmediatez. Por eso recogemos algunas de las opiniones más llamativas, en buena o mala manera, e intentamos argumentar al respecto: porque es en tiempos como este en que hay que ser más cuidadosos con lo que se dice. Be careful what you wish for; you may get it.


I. Los delincuentes tienen más derechos que nosotros, los ciudadanos honrados.

Empecemos con un argumento a favor de esta idea: este año, un vigilante mató a un marero en una coaster de la 29 porque le estaba robando el celular a una mujer. La justicia persiguió al vigilante, quien atacó en legítima defensa. De ahí, y de casos similares, el miedo: “no vaya a ser que uno se quiebre a un marero porque lo zampan preso“.

Ahora, ¿De dónde viene esta impunidad del operar delictivo de las maras? Puede ser que estando ligadas al dominio de un sector geográfico, comercio de sustancias ilegales y robos, las maras sean simplemente un frente ejecutor de una actividad delictiva que viene de mucho más arriba. Proviniendo de niveles de poder más altos y seguramente con contactos dentro del sistema judicial, esto les dota de inmunidad o procesos judiciales resueltos favorablemente en un corto tiempo. Se percibe entonces que sus derechos prevalecen sobre los del ciudadano promedio. Hablamos de complicidad de las argollas de poder con el Órgano Judicial, cuestión meramente especulativa, pero no por eso menos cierta.  De cualquier otra manera, resultaría muy difícil de entender cómo un sistema con una deuda de 17 años en resolución de expedientes de homicidios es capaz de liberar a un pandillero en cuestión de seis meses.

De esta idea de los derechos se deriva la argumentación a favor de permitir la armamentización de la sociedad civil, como forma de protección ante la delincuencia. Diocuarde, este es un debate aparte (y sin embargo, lo abordamos en otro apartado, porque podemos). Ahora bien, esta impunidad es la que nos ha llevado al punto de querer mandar la Declaración Universal de los Derechos Humanos a la mierda (léalos, verá que usted a lo largo de su vida ha gozado de muchos más derechos que el prójimo de su marginal más cercana), a favor de un orden social que garantice la seguridad por medio de la represión si es necesario.

Pensamos erróneamente que derechos humanos es tratar con guantes de seda a criminales, y que no pedir que los maten es estar de su lado. Una nota sobre el funcionamiento de la mente humana: tendemos a ponerle atención a la evidencia que favorece nuestra opinión, mientras negamos o minimizamos la evidencia que la cuestiona. Dése una vuelta por la PDDH y otras instituciones que según usted sólo sirven para proteger delincuentes; pregunte qué más hacen desde sus diversos departamentos. Usted fue el que dijo que teníamos que cambiar de actitud. No hay cambio si no aprende y aprehende nada adicional a lo que ya cree saber.

II. Que vuelva la Sombra Negra/ necesitamos a otro Gral. Martínez
Somos un país con pésima retentiva en términos históricos. Desde poco después de la disolución de la República Federal de Centro América (1839), nuestra historia se ha caracterizado por Golpes de Estado y militarismo, y la mayoría ni se entera. La Historia para muchos comienza en 1980, y eso si tenemos suerte de que puedan ver tan atrás. De todas maneras, 1980 es un mal savepoint.

Con estos antecedentes, no es sorpresa que la sociedad salvadoreña tenga actitudes autoritarias. Esto lo comprobó el Instituto de Opinión Pública de la UCA – IUDOP, al realizar un estudio a nivel nacional en 1998. El artículo “El autoritarismo en la posguerra: un estudio de las actitudes de los salvadoreños” (Revista ECA, 1999, 603, pp. 95-106; o en el libro “Psicología Social de la Posguerra”, 2005; ver también http://www.uca.edu.sv/shown.php?mnota=90633), de José Miguel Cruz, engloba estos resultados. El estudio de la personalidad autoritaria inició en psicología social con el nazismo, pero que quede claro que esta investigación en particular no buscaba estructuras de personalidad, sino actitudes autoritarias.

En el presente, estas actitudes se mantienen por las abrumadoras condiciones sociales en la que nos encontramos. Un entorno social amenazante generará respuestas que busquen la solución rápida y automática al peligro. Pero como dice Cruz, no podemos descartar un factor individual y un marco cultural y psicosocial (apoyado por un pobre sistema educativo) que haga que estas actitudes predominen sobre otras ante nuestra realidad. De hecho, Cruz cita al politólogo Ronald Inglehart, quien argumenta que una sociedad insatisfecha con su situación vital y política, es menos propensa a adoptar y mantener instituciones democráticas. En la investigación del IUDOP, más del 80% se mostró dispuesta a prescindir de los derechos humanos, reivindicando la ley y el orden.

Entra el Gral. Maximiliano Hernández Martínez, célebre, si no es que mítico, personaje de los años 30. Al Gral. Martínez se le reconoce haber mantenido un bajo índice delincuencial durante su gobierno, y es cierto. De esta aparente eficacia puede que nazca el clamor por medidas drásticas como la mano dura y la pena de muerte. Ahora, a qué precio: el Gral. Martínez era Ministro de Defensa cuando le dio Golpe de Estado al presidente de turno en 1931, y no dejó el poder (o lo hicieron dejarlo) hasta 13 años después, en los cuales la violencia y la tortura por parte del Estado hacia los disidentes fueron la norma. Ordenó la matanza de alrededor de 30 mil campesinos en 1932, a quienes acusaba de comunistas. Esto aparte de haber dictaminado castigos salomónicos en menor escala, como cortar la mano a los ladrones. Dato curioso, Martínez fue asesinado a machetazos por Cipriano Morales, y se cumple el refrán: el que a hierro mata, a hierro muere.

Y bué. El estudio del IUDOP encontró que los salvadoreños nos inclinamos hacia: (1) la sumisión a la autoridad: disposición a respetar y obedecer sin objeción, sobre todo a las fuentes de autoridad fundamentales; (2) la agresión autoritaria: aprobar el uso de violencia para respetar la autoridad y mantener el orden social; (3) el convencionalismo: aceptación y compromiso con las normas tradicionales…y más que el marco jurídico formal, hablamos de las “leyes divinas”, o la Ley del Talión.

Creyendo en el autoritarismo como la solución más eficaz a la situación de violencia, estamos dispuestos a volver a la represión y a permitir que surjan nuevos cuerpos fuera de la ley. Fantaseamos con la lucha entre buenos y malos y con que venga un Punisher a masacrar pandilleros. Treinta y seis horas después de la quema del bus, existe ya un grupo en Facebook llamado “Sombra Negra vení”: ya no soportamos ver tanto muerto y pensar que mañana podria ser un familiar o nosotros mismo… si solo luchamos para vivir.. dejen vivir en PAZ. ¿Adivine? Si viene la Sombra Negra, va a seguir viendo más muertos. ¿Y además creer que por ser “buen ciudadano” la represión no se lo va a llevar de encuentro? En este país todos somos esquineros sospechosos.

Esto, estimado lector, se llama disonancia cognitiva. La frase “el fin justifica los medios” es peligrosa (por no decir falsa en su origen. Dicha frase no se encuentra en la obra de Maquiavelo), pero calma el conflico interno de “ya no quiero más muertos en este país pero quiero que asesinen a todos los mareros y a sus hijos”. ¿Usted cree que quienes quemaron el bus con los pasajeros adentro no pensaron lo mismo, que el fin justifica los medios? Cualquier fin que tuvieran, aparentemente para ellos su medio para lograrlo estaba justificado. Recuerde esto: esa frase la puede agarrar cualquiera y usarla a conveniencia. Tal vez usted lo vea en términos de fines “buenos” y “malos”, según la moral y el bienestar humano; hay otra gente que trasciende esa dicotomía y lo ve en términos de intereses.

La Sombra Negra, educandos, es un grupo paramilitar, es decir, ex-elementos de grupos armados oficialistas (ejércitos, pues) que retoman las armas y no por…¿ideales? ¿crisis nacional?…sino por dinero, y generalmente por intereses muy ligados al fascismo. En El Salvador hay estructuras paramilitares con conocida actividad desde 1994 (para hablar de las que ya no operaban bajo intereses meramente políticos) e históricamente ligada al crimen organizado/delitos de cuello blanco: lavado de dinero, incluso el sicariato. Traemos el tema a colación porque es momento de poner la cabeza fría y alejarnos un poco del tema del terrorismo y, como dijo Rafiki, “mirar más allá de lo que ves”.

Suspire.

Lo del domingo fueron dos ataques sincronizados: uno actuando como mero preámbulo y el otro como el paroxismo de la ¿violencia ligada al cobro de la renta? ¿amenaza al sector transporte? ¿pronunciamiento político? ¿demostración de poder -como los cárteles-? Pueden no tener los aires románticos de las novelas colombianas que pasa el canal 2, pero por el modus operandi y la impresión que buscaba alcanzarse, nos atrevemos a decir que esto es sicariato. Y no sería la primera vez. Un sujeto comentó alguna vez que con $200 se manda a matar a alguien, sólo es cuestión de contactar a un marero equis. Si un sujeto random y, siendo honestas, misántropo, puede contactar a un marero para darle jaque a un cristiano, ¿Qué nos impide asumir que existen intereses pseudo-anónimos que persiguen precisamente causar terror?  En política, en mercadeo, en sociología, dicen que el terror es una de las armas más grandes de las que usted puede agarrarse cuando su objetivo no parece cumplirse por las buenas. Y acá no hay precisamente angelitos del Señor.  En fin, no hay nada que no sugiera o deje de sugerir que esto es obra de un comando buscando algún objetivo, desconocido -ni tanto- hasta la fecha. Por la plata baila el mono, decía Wilfrido Vargas.

Por estar fuera de la ley y extrañamente cobijados por quienes la procuran, grupos como los paramilitares o formas alternativas de sicariato utilizan la violencia a discreción; un día alguien le pone a usted el dedo por error o por joderlo y olvídese de irse pacíficamente de este mundo. La Sombra Negra se dedica, según “estatutos”, a la limpieza social (expresado en panfletos regados en la ciudad de San Miguel a mediados de 1995), término que siempre ha sido laxo y que ha sido utilizado para referise a homosexuales, negros, mujeres, judíos, opositores políticos… en fin, gente que no es “como nosotros”. Por cierto, la búsqueda de la uniformidad social es otra característica de las actitudes autoritarias. Por otro lado, los seres humanos tendemos a imitar. Un grupo fuera de la ley es la puerta abierta para que surjan más…también actuando bajo sus propios criterios en cuanto a objetivos y formas de exterminio.

El artículo de Cruz hace otra salvedad: puede que mucha gente pida firmeza, no autoritarismo. Ahí vamos. Pidamos firmeza, entonces. Y evitemos la deshumanización, en serio.

III. Iniciativas ciudadanas
La supervivencia de una organización ciudadana de carácter civil y no suscrita a institución política alguna es poco sostenible dado que en el país “gozamos” de un ambiente polarizado y entretejido. El tejido social de El Salvador apenas da para la organización, una actividad que, históricamente, se ha visto como subversiva y característica de revoltosos. Las relaciones interpersonales están fracturadas porque no hay un mínimo de confianza en el prójimo. ¿Cómo podría haberlo, si la persona que llega a tocar a mi casa pidiendo algún favor puede ser asalta-casas? ¿Si quien va a la par mía en el bus puede ser un asaltante que no dudaría en matarme si me opongo? El liderazgo político es una actitud estigmatizada desde la sociedad civil, con poco respaldo académico -sólo dos instituciones no-partidarias ofrecen formación en liderazgo político y el acceso a estos programas es muy restringido- y difícilmente hay alguien con la preparación y el ánimo de meterse a semejante huevo.

(U___________________u) ¿Manejo de ofensivas criminales = cuestión de  hombría?

El Internet es una plataforma para fortalecernos. Nos ha dado una oportunidad invaluable para desahogarnos, apoyarnos unos a otros y saber que no estamos solos. Que podemos unirnos por una causa común. Tenemos el medio de promover la organización civil, incluso desde un conveniente anonimato. El problema es que sólo 15% de la población tiene acceso a Internet en casa. Aparte de eso, no a todos los que tienen acceso les importa involucrarse tanto. Esto nos obliga a trascender el mundo en línea.

Toda iniciativa ciudadana, como dicen, “es buena”, osease que tiene el potencial de generar un cambio para bien ya sea a corto, mediano o plazo. Pero tomemos la campaña de Don Ramón, que decía “yo no me dejo rentear [por las pandillas]“. ¿Alguien que se sumó a la campaña podría decirnos si le ayudó a dejar de pagar renta (se vale decir que sí, preguntamos por curiosidad)? ¿Podría contarnos si le funcionó usar una camisa de don Ramón?…quien por cierto, se niega a pagar la renta de un *inmueble*, lo que lo convierte en inquilino irresponsable, no en víctima de las pandillas. Puede que esta sea una campaña de autoafirmación, pero entonces qué lástima gastar tantos recursos humanos y materiales en algo que al final no deja más resultados que el vacil.

Sin objetivos concretos y un seguimiento adecuado, las iniciativas surgidas en Internet se queman en cuestión de semanas, con suerte meses. Dar un click para unirse a una iniciativa ciudadana no es involucrarse en ella; un click no es vinculante. Van quedando sepultadas bajo nuevos tópicos, porque iniciativas surgidas de la emoción (digamos, el miedo, la rabia) corren el riesgo de ser inmediatistas. Con razón, claro, porque ya no aguantamos y queremos parar estas tragedias lo más pronto posible. Pero la emoción dura tanto como dura el pensamiento que la sostiene. Y si hablamos de pensamiento, como ya vimos, la retentiva del pueblo salvadoreño tiene que mejorarse.

Anexo: ¿Y entonces, qué hacemos?
A veces vivir en sociedad es como ver fútbol: todo el mundo sabe qué hacer y cómo organizar, todo el mundo es técnico. La verdad es que no es así. Hay cosas que como ciudadanía no nos corresponde resolver, pero esto tampoco debe ser entendido como cruzarnos de brazos. Ese emblema a-la-grinpis de “actuar localmente, pensar globalmente” tiene algo de verdad. Sin embargo es necesario recalcar que opinamos que ni la armamentización de la población civil, ni los grupos de “vigilancia vecinal”, ni cualquier asociación que involucre revanchismos es adecuada en el delicadísimo marco en el que se desenvuelve el salvadoreño.

Desde nuestro pequeño búnker de ideas -jojo, tan plantoso-, se nos ocurren un par de propuestas, resultado de nuestra actividad neuronal. Las mismas están divididas en dos categorías, diferenciables entre sí porque la aplicación de la primera corresponde estrictamente al Estado y la segunda, a lo que nosotros, la marabunta, podemos y debemos hacer para manejar el pánico, para prevenir desde lo imprevenible y hacer esta calle nuestra algo un poco más vivible. Lo que enlistamos a continuación no es la Biblia ni la Política de Sartori, podría incluso no apegarse a los enfoques tradicionales, pero es lo que hay. Siéntase libre de agregar sus propias ideas.

*Desde la sociedad civil:
Ante tanta violencia, comenzamos a preguntarnos qué hacer. Las propuestas son más fáciles si se desglosan en pequeños pasos, visibles, medibles y alcanzables; de lo contrario, no vemos resultados y eso nos hunde aún más en la desesperanza. Es sumamente importante que comencemos a pensar desde lo que está y lo que no está en nuestras manos, y no desde la fantasía de que alguien más (o peor aún, nosotros mismos), sacará un un arma durante un asalto y matará “a quien se lo merece”. Cierto, todos tenemos una responsabilidad social, y si podemos incidir en una situación para evitar daños, qué bien. Pero las más de las veces no es así.

1) Sea coherente: si está pidiendo paz, no esté apoyando matanzas de ningún tipo. Señale con su dedo índice, si quiere, pero recuerde que cada vez que hace eso, otros tres dedos de su propia mano señalan hacia usted. Parecería que un tweet o un status de facebook es inofensivo, y lo es, pero a la larga hay miles como ese y es un reflejo de lo que pensamos en colectivo. Esa forma de pensar es la que guiará nuestras acciones como nación. No queremos impunidad en crímenes de ningún tipo, pero tampoco es culerada querer evitar la Ley del Talión. La espiral de violencia que vive El Salvador, los crímenes que se cometen, los castigos que se piden, están fundamentados en el “ojo por ojo” y en que “el fin justifica los medios”, y es precisamente por eso, como dice un artículo de El Faro, que cada acto de violencia que sufrimos es siempre el penúltimo.

2) No se meta de gallito: practique el autocuido. De nada le va a servir ser el valiente de la colonia que se opone a un asalto o quien vista la camisa de Don Ramón para decir que no se deja rentear, si eso va a llevar un ataúd a su casa. Cual frase de maitra, “lo material se hace”.

Inaction is a weapon of mass destruction, chero.

Pero no quiere decir que no tenemos que hacer nada; sólo los muertos no hacen nada y nosotros seguimos de pie. Sabemos de mucha gente que el lunes tras el ataque en Mejicanos se quedó en casa, pero el punto del terror es ese, trastornar el día a día para someternos. Es difícil, aquel miedo pelón de salir a la calle y subirse a un bus pensando que en cualquier momento se sube un marero a prenderle fuego. Como poco o nada podemos hacer para evitar estas situaciones, tome un par de precauciones: siéntese siempre en el extremo que da al pasillo del bus, oculte sus audífonos; procure no cargar bolsas grandes y siéntese siempre tan próximo a la puerta de salida como le sea posible. Etecé. Recomiende.

3) No entre en pánico. En este país estamos en un constante torbellino de emociones negativas por lo que vivimos y vemos a otros vivir. Pero el pánico da pie a la acción desorganizada e inmediatista. Hay ciertos noticieros que prefieren apelar a los sentimientos al mostrar las noticias; es mínimo el trecho entre ponerle rostro a las víctimas y el morbo. Traigamos a colación la premisa del libro: “El Efecto del Afecto”: la esperanza, el miedo, la ansiedad, la ira…los afectos afectan la manera en que pensamos y actuamos políticamente.


La Pena de Muerte no es precisamente un ejemplo de la no-violencia de Gandhi.

Así como le recomendamos que no entre en pánico, tampoco ayude a propagarlo: el martes en la tarde el periódico digital La Página que de serio tiene lo que nosotras de herencia turca, difundió una nota sobre un supuesto secuestro a un autobús de la 201 (Santa Ana-San Salvador). Como respaldo incluían el testimonio de una señora que fue asaltada a bordo del mismo, pero logró escapar. Se relataba que el vehículo fue desviado hacia El Congo y que los pasajeros permanecían retenidos a bordo. Radio 102Nueve la dio por cierta y rodó por todo Twitter, sólo para detenerse cuando los empresarios de transporte interdepartamental de Santa Ana dijeron que todas sus unidades estaban reportadas y sin incidentes. No dé por ciertas cosas que no le consten, papá.

4) Hable con sus vecinos, aunque sea carburo. Salúdelos si aún no lo hace. Usted es responsable de un pedacito de tejido social y la organización comunitaria comienza con la comunicación. El miedo, la desconfianza y el “sálvese quien pueda” no nos permite tener la fortaleza colectiva que necesitamos. Usted sabrá si le conviene hablarle o no a sus vecinos (quien quita que alguno sea pandillero)…pero dése a la tarea, una vez que haya ido a la PDDH y a Mariona, de construir una red social de la cual eventualmente echar mano. Usted sea parte de otras.

5) Lea, homb’e. No tiene que sacar estudios en ciencias sociales para saber estas cosas. Lea la historia de su país. Lea fuentes oficiales y alternativas, formales e informales. Pregunte, hable con la gente de todas las ideologías; escuche sus opiniones, aunque no le parezcan las más acertadas. Cuestiónelas y déjese cuestionar. Cuide lo que dice, cuide cómo piensa.

¿A quién? ¿Por qué medio? ¿Tienen buzón de sugerencias?

Fundamental: sepa qué le corresponde a qué instancias, porque a la hora de proponer y exigir acciones, debemos ser explícitos: qué queremos y quién tiene que ejecutarlo. “Quiero que el gobierno pare la violencia” en realidad es una frase bastante vaga.

No se enoje cuando lo manden a leer. Créanos, a nosotras nos mandaron a leer y damos fé de lo útil que es: expresar una opinión y elaborar un argumento no son lo mismo, vieja. La opinión viene del criterio propio, de irse de hocico; la argumentación proviene de la elaboración conceptual de un criterio. No-es-lo-mismo. Si usted difiere, si cree que matar mareros es la solución, si cree que el Todopoderoso ejército va a traer paz, prosperidad y sesenta y nueve vírgenes a su vida, juegue, pero sépalo defender.

Y hasta aquí nuestra crónica de hoy.

 
 
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