RSS

Archivo de la categoría: Desastres poco naturales

Pase a lo barrido.

Jaludos desde Jansalvador, un horno encendido donde las especies invasoras le amenizan toda clase de eventos.

¡Buenas! ¿Tiene de queso con loroco?

No llevaba mucho en esta tierra desgraciada (y eso lo digo con dolor) cuando una maitra rayó el carro que me habían prestado. Es una minucia, en el gran esquema del universo. Lo importante fue su actitud, que me hizo sentirme en mi país: con una mezcla de temor y prepotencia, rezongaba que su carro había resultado golpeado y que iba tarde al trabajo. Mi carro estaba parqueado.

Pude haberle exigido lo que me correspondía, pero el rayón no era gran cosa, la maitra no iba a asumir su responsabilidad (a la Wil “él me golpeó mi puño con su cara” Salgado) y dijo que estaba esperando a alguien para resolver el asunto; huevos. Pero como me vio conciliadora, supongo, empezó a echarle la culpa a la señora del hotel, su vecina. La señora del hotel insistió que le cobráramos el daño y que era porque esa gente tenía garage y no lo usaba. Que se arreglen entre ellas. Cuando me metí al carro, habiendo dejado atrás el asunto, me di cuenta de que alguien había tratado de desmontar el área de la radio.

“A su derecha, un mural de la MS”. A mi izquierda, un perro de la calle, muy enfermo y con el pelaje -lo que queda de él- de su espalda pintado de verde…Yísuscraist. Diocuarde con la Evangelina Pilar de Sol escupiendo odio como espuma por la boca. Dos tipos en la cama de un pick-up tirándole besos y riéndose (esa risa de mierda que acompaña el acoso) de la conductora atrás de ellos. Las calles con menos árboles y más portones; el privilegio de darse paja, la ilusión de seguridad por medio del encierro. La gente cordial y agresiva, ambas en exceso, según el contexto. Soyabronx, Apopa y el Playón.

Osamentas, sí, pero también recurso acuífero importante.

Soy medio extranjera en todos lados y uno de los dos personajes de El Asco. Había perdido la costumbre de ser paranoica y no sé si eso es bueno o malo, pero péreme que ahorita ya me acostumbré trangüelta. Aun si nunca me hubiera ido, no tengo ni voy a tener un ápice de paciencia con los conductores (SALVADOREÑOS: APRENDAN A USAR LOS REDONDELES) y con la gente que cree que “matar a los que matan hará que otros que mataban ya no maten“:

Disculpen, yo sé que canso con este tema, pero me resisto a creer que este país que hace poco se regocijaba con el videíto de que El Salvador “solo tiene habitantes de buen corazón”, donde los ciudadanos honrados ponen calcomanías del rosario o de Toby en sus vehículos, valore una y otra vez soluciones como la pena de muerte para frenar la violencia.

Proponer la pena de muerte es más fácil, y hasta electoralmente beneficioso, que intentar mejorar el vergonzoso sistema carcelario salvadoreño, su hacinamiento y su incapacidad para rehabilitar. Más fácil que intentar aplacar la marginalidad de los que viven fuera de los muros con razor. Mucho más, si cabe, que intentar que los buenos, los que somos más, los honrados, cumplamos las leyes establecidas.

Mis compatriotas, mis hermanos. Etc.

 

Llueven bombas.

Años atrás me encajaron la tarea de diseñar algunos materiales para una campaña. No sé nada de diseños ni campañas pero no había nadie más que se encargara. Trabajaba entonces en una ONG de personas con discapacidad, que comenzó su labor con personas que habían sufrido amputaciones durante la guerra civil. Mi jefe era civil y perdió las piernas por una mina; el personal de campo había sido del ejército o de la guerrilla (incluyendo un niño soldado), todos habían perdido por lo menos una extremidad, y ahora trabajaban en equipo tratando de responder a esta población -a la que ellos pertenecían- que fue rápidamente olvidada cuando se firmaron los acuerdos de paz.

Yo apenas recuerdo la guerra, lo que alcancé a vivir, y tenía mis extremidades intactas. Aunque apenas era secretaria, aprendí una barbaridad de cosas en ese entorno. Conocí historias donde invariablemente uno terminaba con lágrimas en los ojos, de alegría o de tristeza. Aprendí más de la historia del país (en cosas tan curiosas como una prótesis de pierna hecha con la pata de una cama, porque las prótesis “verdaderas” son caras), de conflictos armados alrededor del mundo, de tratados y convenciones, de sobrevivencia y resilencia, y de acción colectiva.

La campaña, como parte de un movimiento internacional, era para exigirle a la Asamblea Legislativa que ratificara la Convención contra las bombas en racimo (véase bombas de racimo o cluster bombs, aunque después de discutirlo para la campaña acordamos que debía ser “en”). Nunca se han usado en El Salvador pero uno, por si acaso, y dos, en solidaridad. Mientras más leía y buscaba imágenes para preparar los trípticos, más aprendía la verdadera definición de la palabra horror. Las bombas en racimo son una enorme bomba que lleva miles, miles de pequeñas bombas de distinto tipo adentro, para causar más daño en un perímetro muchísimo más amplio. Cuando la bomba cae y se abre en el aire, los artefactos son una lluvia infernal pero puede que no todas detonen al caer; pueden incrustarse en la tierra y estallar cuando alguien se pare en ellas. Esa lógica no es para atacar milicias sino civiles.

Pensé en todo esto cuando leí que están tirando bombas en racimo sobre Gaza. Justamente hace poco me encontré con una copia de Psicología Social de la Guerra, de Ignacio Martín-Baró, en una oficina…en el sur de Chile, mire, ve. Es un libro de la década de 1980 y ya había un estudio sobre la situación de Palestina, era sobre madres e hijos. En este libro de psicología social aplicada también hablan de intervenciones realizadas para disminuir el conflicto pero claramente no han funcionado a nivel macro. Brotip, pero si no sabía y pa’que sepa, la destrucción de Palestina lleva ya un buen rato. Parecerá “tema de moda” pero ya depende de cada quien informarse y tomarle la seriedad debida al asunto.

Hay gente que dice que con compartir imágenes y posts en Facebook y Twitter sobre el genocidio en Gaza no se hace nada, no cambia nada. Eso puede que sea cierto (y puede aprender de mi sobrino y unirse a alguna acción colectiva), pero también decir tal cosa sugiere que lo mejor es callarse, y no, no lo es. Aquella camisa y yo nos encontramos de nuevo:

(La imagen de la camisa no la hice yo)

 

En el diccionario, “masacre” es definida como la “matanza de personas, por lo general indefensas, producida por ataque armado o causa parecida”. No tiene nada que ver, pues, con la andanada de goles en contra que recibió la selección brasileña de fútbol y que sepultó su aspiración de convertirse —por sexta ocasión— en campeona mundial de la disciplina deportiva que, hoy por hoy, es uno de los negocios más lucrativos del planeta. Nada que ver, pero fue noticia de primer orden y comentario obligado en cualquier sitio. Los siete tantos que recibió el equipo carioca el pasado martes 8 de julio le sacaron torrentes de lágrimas a mucha gente. Pero hay que insistir: lo ocurrido no fue una masacre. Fue cualquier cosa, menos eso. Si se va a hablar de masacre en términos precisos, hay que referirse a lo que comenzó durante la madrugada de ese mismo día en territorio palestino y que —a esta fecha— continúa produciendo muerte, terror y repudio.

Masacre

¿Sabe qué más se puede hacer? Llamar las cosas por su nombre, e.g. usar la palabra violación sólo cuando esté hablando de violación. Yo estoy a favor de que la gente viva y goce el fútbol pero hay una manga de desubicados a los que hay que sentarlos, leerles los episodios más dantescos de El Efecto Lucifer y los más abrumadores de Trauma y Recuperación, y después mostrarles Anticristo y Las tortugas también vuelan. Bien se puede hacer un pre y post-test, para medir si la exposición vicaria a la barbarie, the real barbarie, les re-acomoda la mollera. Bien que les hace falta.

 

La importancia de tener vergüenza…cuando se tiene privilegios.

Feminismo, maternidad y justicia 
Julia Evelyn Martínez (haga click en el título para ir al texto completo)

Escribo esta columna desde la tristeza y desde el dolor causado por trágica muerte de mi hijo Héctor hace menos de una semana. Un hijo a quien amé más allá de lo que nunca imaginé posible, es decir, como solo puede hacerse desde el amor maternal.

Desde este dolor que me desgarra y desde esta tristeza infinita que me acompañará el resto de mi vida, he leído el infame artículo “¡Mentirosas feministas!” (EDH 08.07.2014), en el cual la columnista Evangelina del Pilar de Sol vomita todo su odio, su egoísmo y su fanatismo en contra de mis hermanas feministas, y en contra de su valiente lucha por la liberación de 17 mujeres salvadoreñas encarceladas injustamente por haber perdido a sus hijos durante partos precipitados y/o como producto de alumbramientos ocurridos en condiciones de riesgo extremo.

Desde mi condición de madre y de feminista, no puedo menos que indignarme frente a tal despliegue de hipocresía y de falta de misericordia. ¿Cómo es posible que una mujer como la columnista Evangelina de Sol, que ha sido madre en condiciones económicas y sociales privilegiadas, se atreva a tirar la primera piedra contra mujeres menos privilegiadas que, en medio de la pobreza y de la exclusión social, han tenido partos extra-hospitalarios que han provocado la muerte accidental de sus hijos o hijas? ¿Cómo es posible que una mujer que alardea de ser cristiana, y que seguramente cada domingo se da golpes de pecho por el perdón de los pecados del mundo, se atreva a divulgar públicamente los nombres de las mujeres en proceso de indulto,  para exponerlas así al escarnio público y/o a poner en peligro sus vidas?. ¿Es este el humanismo y la moral que predican las mujeres de la Fundación Sí a la Vida, del Opus Dei y agrupaciones afines? ¿Es qué no habrá en sus corazones y en sus conciencias capacidad de amar a estas 17 mujeres encarceladas y ver en ellas el “rostro sufriente del siervo deYahvé”?

[...]

Conocer a mujeres como Mirna y las circunstancias económicas, sociales y emocionales en que dan a luz, nos revela que son simplemente mujeres pobres que no tuvieron la suerte de ser atendidas en sus embarazos y partos con la calidez y la calidad con la que seguramente fueron atendidas en sus partos la señora Evangelina de Sol, sus hijas, nueras, sobrinas y/o nietas. Nadie tiene derecho a señalarlas ni condenarlas por sus “malos partos”, pero todos y todas sí tenemos la obligación de sentir empatía y misericordia por ellas, o al menos de sentir vergüenza por vivir en una sociedad que trata de forma tan cruel a las mujeres pobres.

Siga la causa de Las 17 en Facebook y en Twitter.

 

La importancia de tener vergüenza.

En psicología social/política hay una serie de estudios que van por está línea: Nuestra culpa: collective guilt and shame as predictors of reparation for historical wrongdoing. Justicia, reparación social, perdón colectivo…y la importancia de sentir culpa y vergüenza por el daño causado como base de los tres elementos anteriores.

Esa culpa y vergüenza es una utopía en el país. Es pedirle demasiado a un país sin autoconciencia, sin autocontrol, con el descaro de echarle el muerto y de literalmente matar gente por causa de “las circunstancias”.

Llámese el congreso estadounidense, los terroristas, la Unión Soviética, las maras o los veinte años de ARENA, tal parece que nada de lo que ocurre en El Salvador es culpa de quienes están en el gobierno y la sociedad que los elige, sino de alguien más. Pobrecitos nosotros.

Los veinte años de ARENA y el mito de la nación victimizada

Recordé esta noticia de hace algunos años sobre cómo absolvieron a un hombre que había confesado el asesinato de su esposa. Y otra más reciente en la que quedó libre un tipejo que manejaba en estado de ebriedad y mató a tres personas:

Parece broma, pero así se explica que la violencia no se detenga en El Salvador, porque el sistema de justicia favorece a los asesinos. El juzgado sexto de instrucción lo exonera de todo cargo, no obstante los tres muertos con que carga este sujeto. Y por si fuera poco, también Estados Unidos reclama su captura por delitos cometidos en ese país.

Y así todos se van saliendo con la suya, desde ocupar los parqueos para personas con discapacidad hasta madrugarse millones y millones dólares. Los sinvergüenza.

***
Encontré este artículo con declaraciones del fiscal que llevaba el asesinato de Andrés Escobar, futbolista colombiano que hizo autogol en un Mundial. Él dice: “En 24 horas se supo todo, se resolvió todo y se capturaron las personas. Ese día aprendí el poder de un Estado: si tiene voluntad y decisión es posible descubrir hasta el más planeado de los crímenes“. Ya lo sospechábamos.

 

 

El país donde pueden matarlo por seguir las reglas.

Matan a automovilista por negarse a avanzar con el semáforo en rojo.

Otra vez:

Matan a automovilista por negarse a avanzar con el semáforo en rojo.

Y es la segunda vez que pasa en el año.

Leo los dos comentarios (al momento de escribir esto) bajo la noticia y queda clarísimo. Todos los problemas están afuera, uno siempre tiene la razón, uno es el ciudadano crítico y modelo que tiene la mejor solución, y el problema son “otros”, son los mareros, es el gobierno y zzzzzzzz.

Ya sabemos que estamos en alguna lista de las ciudades con más asesinatos, póngannos en alguna de los países más absurdos.

 
 
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 41 seguidores