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Archivo del Autor: Ligia

Una nube negra.

Este día, hace algunos años, una nube negra se estacionó sobre mi cabeza. Comenzó a llover sobre mí. Traté de ignorar esto por un tiempo pues nadie a mi alrededor parecía notarlo. No es gran cosa. Se irá por su cuenta, me decía, se irá por su cuenta tal y como llegó. Todo volverá a la normalidad pronto.

Al contrario, vino el frío y el desamparo. La incertidumbre de si esta nube me dejaría en paz. Traté de espantarla con mis manos, con mis gritos, con el palo de la escoba. Ese esfuerzo cada vez más frenético me consumía la energía durante el día y no me dejaba dormir por la noche. Comencé a llorar por las madrugadas y a fingir dignidad sepulcral apenas salía el sol.

Vino también el aturdimiento, un estado permanente de alerta, de confusión, vino la indecisión entre pelear y huir sabiendo que ninguna de las dos opciones tendría efecto alguno. Ya no sabía si estaba empapada o fracturada, si estaba llorando o sangrando. En los primeros meses con la nube encima se me rompió una vena en el ojo; murió un nervio dentro de mi boca, y su cadáver emitía gases que chocaban contra las paredes internas de mi cara y provocaban un suplicio indescriptible en una de sus mitades; y me dolió el corazón, me dolió como si estuviera envuelto en un cruel apretón de manos. El cardiólogo concluyó que eran sólo los cartílagos de mis costillas que estaban inflamados.

Unas polillas roían permanentemente mi estómago que hacía las veces de un abrigo viejo. Cada mañana al despertarme debía quitarme 25 ladrillos que tenía sobre mi cuerpo para poder salir de la cama. A veces me quedaba encerrada en mi cuarto viendo la lluvia formar charcos a mis pies; ocasionalmente me deslizaba por no pisar con cuidado. Otras veces salía de mi cuarto con mi nube como un globo lleno de helio amarrado a mi muñeca, y me perdía entre muchedumbres, entre desconocidos que se volvían amigos de por vida y amigos que sólo vi una o dos veces en toda mi existencia.

Así como tengo brazos,  decía John Lennon, así tengo a Yoko. Así finalmente di con el problema bajo la lluvia: uno de mis miembros me dolía. Me dolía como si estuviese inflamado, roto, en carne viva, y no podía detener el dolor porque ese miembro ya no existía. Mis ojos buscaban la fuente del dolor y se encontraban con que en ese espacio no había nada. No supe cuándo dejó de existir, cómo se me escapó de mis manos. Y sólo dos años más tarde a eso le puse nombre. Esto sí tenía nombre y era un diagnóstico. Un premio de consolación, la confirmación de que me había ganado el título de perdedora.

La lluvia eventualmente se detuvo pero la nube se quedó conmigo.por años. Ahora me seguía en silencio, sin el siseo de sus gotas sobre mi pelo, mis brazos, mi espalda. Temía que me rompiera la espalda, esa llovizna. Y la nube fue cambiando de negra a gris, de gris a blanca, y finalmente se fue. No me di cuenta cuando desapareció. A veces recuerdo cómo se siente su presencia, o debería decir, siento su presencia. Giro mi vista hacia arriba y respiro aliviada al ver que, en efecto, está ahí. No me lo estoy imaginando.

 
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Publicado por en octubre 18, 2014 en Jue!

 

No se apegue a las prioridades del público por convivir.

Via It’s Ok To Be Smart:

El problema real con la gente que protesta todo el tiempo por Plutón es que representa las prioridades del público: preservar las tradiciones en lugar de aceptar hechos. La búsqueda de la ciencia se relaciona con construir un catálogo sustentable de verdades, y no hay ventajas en alterar las verdades para calmar la nostalgia.

Y se podría decir lo mismo sobre otras cosas que no son Plutón.

Hablando de prioridades del público, ¡feliz día de la salud mental, y a la psicología y sus profesionales en El Salvador! Los blogs socios se engalanan para la ocasión: aquí hay una entrada sobre los 50 años de la profesión en El Salvador, escrito por la primera psicóloga graduada en el país (felizmente, mi señora madre), y…pues, yo nomás hice una caricaturita. En mi defensa, efectivamente a partir de este mes asisto en investigación a tiempo completo. Si lo dibujás, vendrá, decían en mi pueblo. ¡Horchata para todos!

 
Imagen

Mi persona (II).

 
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Publicado por en octubre 5, 2014 en Imágenes, Jue!

 

Reacciones.

Una vez chateaba con un tipo. Todo en buena onda hasta que me pidió la dirección de mi lugar de trabajo para enviarme flores. Le dije que no, gracias, que la intención tras su gesto no era compartida por mi persona. Me respondió que era probablemente porque a mí me gustaban novios golpeadores.

¿Qué?

Todavía no sé cómo se responde a algo así. Seguro una de las primeras cosas que algunos piensan al leer el párrafo de arriba es “¿y qué estaba diciéndole ella para que él hiciera tal ofrecimiento?”. Yo sé, usted quiere justificar la acción en apariencia caballerosa del tipo, pero le ahorro el contorsionismo mental: injustificable racionalmente. El contexto de la conversación era aquella época lejana en que los blogs salvadoreños florecían, y muchos de quienes escribíamos en ellos buscábamos entablar conversaciones entre nosotros por otros medios (los tiempos de bonanza de MSN Messenger). Instinto gregario con mentes afines. Quizás el “no más” no aplicaba a todos, como el Casanova que quería mandar flores. Hasta la fecha guardo cherada de esos tiempos, hombres y mujeres, gente que sabe que las posibilidades de interacción con otra persona -aun siendo ambos heterosexuales y de distinto género- trascienden el amor romántico.

Publicidad engañosa: *sólo* tres cosas a hacer *con* una mujer. Usted no puede jugar Smash Bros. con ella, ni conversar sobre el cambio climático, ni compartir una pizza con ella. No tiene más uso que ser receptáculo de su dramático romanticismo, deal with it.

Esa interacción fue bastante benigna, dentro de todo, y con mi subsecuente alejamiento digital el tipo no insistió (no conmigo, al menos). Digo benigno aunque realmente quiero decir que hay cosas peores. Esto no pasó a más, quizás porque no respondí explícitamente a esa acusación de que me gustaba que mis parejas me golpearan (¿?). Parte de recibir este trato es que una no sabe cómo responder. O sí sabe, pero no reacciona; por la sorpresa o porque simplemente la experiencia aconseja no hacerlo: Mujer brutalmente atacada por decirle a hombre que dejara de manosearla. Hay otra noticia de unos hombres que atacaron a otro hombre que les dijo que dejaran en paz a unas mujeres; no hallo la noticia pero para que se vea con algo más de claridad de qué va este asunto.

Hay gente, como la Virginia (y usted ya habrá visto que en este blog se le tiene en alta estima), que sí se atreve a defenderse, a pesar del riesgo. Tampoco es que su defensa haga que estos cabrones se den cuenta de lo que significan sus acciones:

La víctima de mi hombro briggittebardotesco no tuvo suficiente con mis esquivas ni sus roces, sino que, a altura de Metrosur, decidió abrir su pantalón y empezar a masturbarse sin más. Lo próximo que supe fue que mi puño se encontró con su nariz y que, tras el crack respectivo, el maje huyó diciendo “agradecida deberías de estar, puta”. Yo temblaba de la cólera. Nadie en la 44 llena a reventar dijo ni mu.

[...]

Volteo para reclamar y el maitro encuentra mi mirada mientras estruja mis nalgas y se humedece los labios con la lengua. Mi mano derecha, en donde ya llevo las llaves de mi casa, no puede evitar precipitarse a la mejilla del señor y enterrar la llave del portón tan hondo que lo hace sangrar. Mi culo pierde su encandilante magnetismo de repente y el señor empieza a decirme zorra de mierda. El microbús para. Yo escupo en la cara del sesentón. El motorista entiende qué ha ocurrido y arranca antes de que el señor pueda perseguirme.

Esto es atroz. Anita Sarkeesian es una vlogera que analiza el trato que los medios de comunicación y la industria de los videojuegos hacia las mujeres (aquí, recomiéndola; dice muy bien que uno puede muy bien consumir media sin dejar de ser crítico de sus contenidos). Su último video, sobre el uso de la violencia sexualizada hacia las mujeres a modo de decoración, hizo que la amenazar con violarla y asesinarla (link en inglés, link en español) al punto de hacer pública la  dirección de su casa y de sus padres. La ola de amenazas y acoso sexualmente explícito que recibe es impresionante, y más impresionante es que lo soporta.

“Como si no fueran suyas, las manos de Javier se aferran al cuello de Sandra”. ¿Cómo que como si no fueran suyas? ¡Sí son suyas! ¡Carajo! “se comporta como si otra persona tomara posesión de él” y entonces ahorca a Sandra. ¡La ahorca! Y entonces ¡se asusta! ¡pobrecito!

Y decide  d e s  c u a r t i z a r l a.

Aparentemente debemos empatizar con el pobre Javier porque los charcos de sangre lo hacen vomitar y tiene asco de la mujer que acaba de matar. En la misma línea de pensamiento, la bota a la basura.

Después el periodista nos explica que Sandra vivía en un barrio de mierda y ella era una jovencita temeraria que “salía todos los días”. (A todas les pasa por putas).

[...]

No estoy “hilando fino”. Los juicios contra la mujer, todas las disculpas del crimen, como si ella le hubiera jodido la vida por “provocarlo” (es la palabra que usa el autor) a matarla, son permanentes. Sin lugar a dudas, todo el texto es una apología al feminicidio. Es lo de siempre, echarle la culpa a la víctima, justificar al asesino. Decir que fue un “crimen pasional”. Otro lugar común es tratar de disculpar al criminal diciendo que es un loco, un esquizofrénico, que fue la enfermedad. Pues no todos los locos y todos los esquizofrénicos van por ahí matando mujeres, y aún si lo hicieran, la enfermedad no justifica de ninguna manera un asesinato. Los hombres que matan a las mujeres no son desviados ni anormales, la escalofriante verdad es que el feminicidio es de lo más normal.

El joven que descuartizó a su novia (y tocaba el piano)

Es importante saber usar el lenguaje, y eso pasa por cuestionar cómo pensamos. Lea los eufemismos que perpetúan el abuso: Una mujer no muere “por culpa de un mensaje de Whatsapp” o “por celos”; una mujer no sufre violación “por una minifalda”:

¿El título? “El trágico amor de un cuarentón por una niña de 13 años”. ¿La realidad? Un pedófilo de 40 años asesinó a una niña en un pueblo español. ¿Estamos realmente hablando de un “trágico amor” o estamos hablando de una historia de abuso sostenido, terminado en crimen? ¿Es responsable dar cuenta de esta manera de un crimen de tales características contra una menor de edad?

Si España queda muy lejos, aquí hay una noticia made in El Salvador:

Eduardo Amilcar Larín, de 53 años, quien es acusado de haber asesinado a su compañera de vida de 19 años y lesionar a la hermana de ella, se preparaba para escapar a Guatemala con la intención de viajar de forma ilegal a Estados Unidos [...]

“Por la diferencia de edad, creemos que maltrataba constantemente a su compañera de vida porque ella tenía 19 años, era cuestión de inseguridad, de celos, fue hasta así que esta situación llego hasta el punto de que él le quitó la vida a su compañera de vida”, dijo Marroquín.

“Eran problemas de familia (celos), me humilló, arrastró mi dignidad por el suelo, me hizo pedazos, me toco mi ego como hombre”, dijo Larín mientras era presentado en la Policía. Agregó que “no sé lo que pensaba, estaba loco y le pido perdón a la familia, ella también me golpeaba, si vieran mi frente, ella me golpeó, nos íbamos a ir a Estados Unidos y ella ya no se quiso ir”.

Por cierto, este día dejaron libres a los acusados del crimen de Katya Miranda, que involucró a su padre y a su abuelo. Katya Miranda, a sus nueve años, fue raptada de un rancho en la playa donde dormía entre miembros de su familia, y fue violada y asesinada cerca de ese mismo lugar.

 

Mi persona.




(Via el Tumblr de La Virjinia)

 
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Publicado por en septiembre 19, 2014 en Criaturitas del Señor, Imágenes, Jue!

 

10 años de Qué Joder.

A usted que lee estas letras, agradézcole de todo corazón: por leer, compartir y conversar sobre las intelectualidades y zanganadas que aquí se abordan. Es para mí de particular regocijo el que, con varias personas, la interacción haya trascendido la pantalla y desembocara en un café o en un Trípin. Doy fe de que escribir en un blog puede modificar -para bien, en mi caso- la vida de quien escribe en él, y eso es gracias a quienes lo visitan.

Si aquí se pone lento de vez en cuando (ya no soy aquel ente joven, lozano y desocupado que solía ser), visite los blogs-cherada Psicoloquio y Simeonístico. Porque en Jardín Infantil, todos ganan.

Hablando de Simeón, trustory: yo estaba en 4° grado y acababan de pegar un póster de José Simeón Cañas en la pared a la par de mi mesa en el salón de clases; rápidamente nos hicimos cherada. Eso sugiere que  llevo unos 20 años escribiendo y sé que comencé en septiembre. Mi primera obra fue un desfile de modas en la página de en medio de un cuaderno (esas páginas de en medio tenían la bondad de convertirse en dípticos al arrancarlas del cuaderno). El protagonista era un emergente Simeón. Gracias, Simeón.

Pase más tarde para disfrutar un cóctel de camaradería, cortesía de La Vaquita. ¡Salud!

 
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Publicado por en septiembre 14, 2014 en Imágenes, Jue!

 

Repertorios conductuales en el reino animal.

EDH

El Diario de Hoy, 8 de septiembre.

 
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Publicado por en septiembre 9, 2014 en Reino animal

 
 
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