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Archivo del Autor: Ligia

Mi persona.




(Via el Tumblr de La Virjinia)

 
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Publicado por en septiembre 19, 2014 en Criaturitas del Señor, Imágenes, Jue!

 

10 años de Qué Joder.

A usted que lee estas letras, agradézcole de todo corazón: por leer, compartir y conversar sobre las intelectualidades y zanganadas que aquí se abordan. Es para mí de particular regocijo el que, con varias personas, la interacción haya trascendido la pantalla y desembocara en un café o en un Trípin. Doy fe de que escribir en un blog puede modificar -para bien, en mi caso- la vida de quien escribe en él, y eso es gracias a quienes lo visitan.

Si aquí se pone lento de vez en cuando (ya no soy aquel ente joven, lozano y desocupado que solía ser), visite los blogs-cherada Psicoloquio y Simeonístico. Porque en Jardín Infantil, todos ganan.

Hablando de Simeón, trustory: yo estaba en 4° grado y acababan de pegar un póster de José Simeón Cañas en la pared a la par de mi mesa en el salón de clases; rápidamente nos hicimos cherada. Eso sugiere que  llevo unos 20 años escribiendo y sé que comencé en septiembre. Mi primera obra fue un desfile de modas en la página de en medio de un cuaderno (esas páginas de en medio tenían la bondad de convertirse en dípticos al arrancarlas del cuaderno). El protagonista era un emergente Simeón. Gracias, Simeón.

Pase más tarde para disfrutar un cóctel de camaradería, cortesía de La Vaquita. ¡Salud!

 
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Publicado por en septiembre 14, 2014 en Imágenes, Jue!

 

Repertorios conductuales en el reino animal.

EDH

El Diario de Hoy, 8 de septiembre.

 
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Publicado por en septiembre 9, 2014 en Reino animal

 

¿Qué foto suya utilizarían?

No voy a poner la imagen, porque no voy a escarbar perfiles de “amigos” para ir a buscarla, pero usted debe haber visto esa clase de imágenes. Habitualmente son contraposiciones de fotos de mujeres en distintas situaciones, del tipo:

Si haces esto [mujer bailando en discoteca vestida con minifalda], no esperes esto [un hombre en apariencia "hecho y derecho" sosteniendo una rosa]

Tremenda lección de moral para combatir todos los males de la civilización: mujeres, si quieren encontrar un buen hombre que les lleve rosas y se case con ustedes, no anden de zorras por la vida.

La gente olvida, mucha ni siquiera sabe, que su cerebro es un holgazán. El cerebro es una maravilla, sí, pero también nos hace llevar una vida de engaños: tomará atajos para juzgar rápido a pesar de la información faltante, para llegar a una respuesta satisfactoria que evite contradicciones…que evite enfrentarnos con el hecho de que esa foto que evaluamos es eso: una fotografía. Un momento en el tiempo y un punto en el espacio. Algo que fue enfocado a fuerza de no enfocar otras cosas.

Tengo fotos mías en celebraciones, rodeada de gente en un contexto nocturno, atípicamente extrovertida. Tengo otras en contextos académicos, muy correcta e intelectualoide. ¿Cuál foto mía usarían en los medios si falleciera aparatosamente? Respondo con la palabra más utilizada en psicología: depende. Depende de si mi muerte fue se percibe como algo accidental o como algo que yo me busqué; de si fui una perfecta víctima o si me lo “merecía”. La foto debe encajar con la narrativa.

Recordé todo esto con lo que ha ocurrido en Ferguson, Missouri, que espero que ya sepa. Déjole estas fotos, para que vaya y difunda el evangelio de que toda imagen frente a sus ojos, aunque valga mil palabras, debe ser tratada con cautela: ¿Qué foto utilizarían si me dispararan?:

 

Lil Milagro Ramírez.

Pudiera suceder
Lil Milagro Ramírez

Pero este no era un robo,
era una expropiación.
usted, jurisconsulto de experiencia,
ha de saberlo, señor juez.

Confieso que soy yo,
que son esos mi nombre y apellido,
en fin, mis generales todas.
familia, edad y domicilio
correctamente enumeradas.

También es cierto, señor juez,
que casi me llegué a doctorar,
en leyes, por supuesto,
yo iba a ser abogado, como usted,
pero ya he superado ese peligro.

Durante algunos años,
me interesaron vivamente los procesos,
y usted, desde la cátedra,
recomendó leer García Máynez,
y Jiménez de Asúa.
Y Novoa Monreal, y Jellineck
y el Derecho Romano de Petite,
todo eso es cierto, señor juez,
y de todas sus clases magisteriales
no recuerdo una sola
que hablara del delito cotidiano,
sí, señor uez, a Ud. se le olvidaron
importantes capítulos en la enseñanza del derecho,
dígame por ejemplo
¿No hay delito flagrante en los De Sola,
en los Hill, los Tinoco y los Magaña?
es un delito aún no clasificado
por las leyes burguesas, señores del jurado,
un delito de clase.
(Si ustedes son católicos,
además de delito es un pecado,
un pecado mortal, cristianos míos,
y no hay pueblo que olvide ese delito,
ni cielo que perdone ese pecado)

Cuide usted la sentencia, señor juez,
mejor dicho, recuerde,
que antes es la justicia que el derecho,
y honestamente, señor juez,
este no era un delito, no era un robo,
era una expropiación,
y en consecuencia,
ya que usted lo pregunta,
me declaro inocente.

Lil: Milagro de La Esperanza. Cartas y poemas. Miriam Medrano – Compilación y textos.

De la contraportada: “Estudiante de Derecho de singular brillantez, poeta revolucionara y lírica, cantora y compositora rebelde y exquisita, estratega de la revolución, pionera de la lucha armada en El Salvador, compañera de nuestro poeta mayor Roque Dalton en la clandestinidad, la intimidad, la poesía y la lucha; dueña de una ternura y una dulzura ilimitadas junto a una voluntad acelerada, puso al servicio de los más desprotegidos del país sus dones magníficos hasta ofrendarles la rosa roja de su vida”.

Vaya y échele un buen vistazo al libro. A mí me llegó gracias a una gran amiga, además sobrina de Lil. No es sólo la recopilación de sus cartas desde el extranjero y eventualmente la clandestinidad, poemas/poemarios/canciones, fotografías, documentos personales y públicos, y testimonios (por sí sólo un trabajo admirable). También es un ejercicio de memoria histórica, donde las vivencias de Lil se entrelazan con eventos y personajes políticos de El Salvador en las décadas del 70 y entrando a los 80, hasta ser capturada, torturada y desaparecida por la Guardia Nacional, entre 1976 y 1979.

 

Traducción.

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Imagen: Sura’s Way

“Vale más que hagás lo que yo digo que cuestionés lo que hago”.
(Y te lo explico con una cuantificación arbitraria y sin sentido para que suene más poético que autoritario).

 

Magda.

Encontramos a la perrita en la acera, agonizando. Temblaba. Cuando me acurruqué a su lado, gimió y me empujó hacia atrás con sus patas delanteras, rígidas como varas de acero. El señor del kiosco a unos metros se acercó y contó que un tipo se había echado el semáforo en rojo a excesiva velocidad y le había pasado el carro encima a la perra. Que llamó a la municipalidad pero los que llegaron sólo vieron la escena, se rieron y se fueron. Dos caballeros que trabajaban en la oficina sobre el terreno en que estábamos también se acercaron, dijeron que llamaron a la municipalidad pero que no había venido nadie. Qué lástima, pobrecita.

Claro que siento cierta vergüenza, bajo la lluvia y sobre el lodo, sosteniendo la cabeza de una perra de la calle atropellada porque no quiero que estire la pata sin un mínimo de amabilidad. Sé que lo que estoy haciendo es lo correcto, pero hay mucha gente que pasa y ve la escena y que por qué ayudar a un animal y no a la gente (hasta donde yo supe, no había ninguna persona atropellada en los alrededores) y me ahuevo. Hasta que al fin una de esas personas resulta ser una samaritana -hay un samaritano en todos lados, dice mi señor padre- y ofrece su carro para llevarla, para llevarnos a una veterinaria. Brotip: hay que enrollarle el hocico a la perrita con hojas secas de la palmera bajo la que estamos, por si intenta morder. Se deja tomar sin un reparo. La levantamos con la ayuda de unas sábanas que nos pasa la señora. El señor Sepúlveda, siempre listo en todo momento aciago, la toma en brazos y nos subimos al carro. Aciago algo.

Las patas delanteras rígidas y las traseras flácidas son mal signo, dice la veterinaria. Hasta para el ojo más novato la columna vertebral que aparece en los rayos X es un aparatoso choque de trenes. La perra estaba consciente, originalmente condenada a agonizar a la intemperie por días (como es la costumbre en ciudades como esta) hasta que muriera de hambre o sed, o hasta que llegaran los de la municipalidad en uno o dos días más y se la llevaran al canil o la tiraran al camión de la basura. Había gente preocupada por ella, contábamos, pero no tan preocupada. Preocuparse tanto a veces cuesta dinero.

Lo único que pudimos ofrecerle a la perrita fue una muerte compasiva. Pero antes le pusimos Magda, porque evocaba a la Marla Teodora, mi gata. Y un mi sobrinito cree que la Marla se llama Magda.

Al volver de la clínica, evitando quedarme para la eutanasia, me encontré con la pequeña debacle que Roberto Valencia registra en su entrada Animalistos. Y pienso, puta, qué desgracia esta gente. Vamos por partes. Sí me da hueva ese tipo de comentarios, y sí me lo tomo personal. Por un lado, habitualmente no es muy provechoso utilizar la causa de otro grupo como trampolín para atraer atención a la causa propia, mostrando una como menos y otra como más. Por otro, habrá gente que dé con mis entradas sobre la fauna callejera y venga a decirme lo mismo, bajo la concepción errada de que todo lo que muestro aquí es todo lo que hago en la vida.

No me considero animalista por recoger/esterilizar/dar en adopción perros y gatos (ojalá un cerdo, algún un día; envase aparte, son como chuchos). Evitarle agonía a esta perra fue simplemente ser pinche decente. La semana pasada fue la perrita, hace un par de semanas fue tomarle la mano a la señorita que venía a la par mía en el avión porque le aterraba volar, y jugar con su bebé para distraerlas a las dos (la mamá no quería transmitirle su miedo a su hija, su inconsciente colectivo andaba en algo con el aprendizaje vicario). No es como decir, “puta, la Ligia disminuyó la cifra de muertos diarios en El Salvador” pero se evita/disminuye sufrimiento y se mejora las condiciones de vida cuando se puede. Desde la profesión, creo yo, puedo hacer esas cosas con efectos más sostenidos en el tiempo, y ahí sí hasta le manejaría lo que es la disminución de la cifra diaria de muertos, que tampoco es cosa sencilla ni inmediata, ni siquiera es una respuesta.

Yo podría decir que unos jóvenes pedían ayer $ para la Cruz Roja en el país donde asesinan en la indiferencia a 12 personas al día. Uno puede hacer muchas cosas en el país donde asesinan en la indiferencia a 12 personas al día, y siempre puede sentirse culpable por ello, pero en muchos casos, sería peor dejar de hacer esas cosas. Lo que sí podría hacerse para incidir en el número de asesinatos y sus raíces todavía no está en el repertorio de esta sociedad maldita, y la indiferencia a la que se refiere Roberto Valencia ya sabemos más o menos por qué es. Hartazgo, miedo…

Todo eso es mi primer pensamiento al terminar de leer el tuit, la velocidad de las neuronas es una cosa maravillosa. A continuación pienso, bueno, igual es comprensible esa manera de pensar, en general, amén de ser consistente con la línea del autor, ese es su campo de trabajo y está comprometido con el tema, no es cualquier cincueyuca. Y luego leí algunas de las reacciones. Santo Padre…

Explicame por qué insultás, vieja. ¿Creés que eso te deja bien parado, que mejora en algo la situación? ¿Creés que deja bien parado al movimiento que representás? “Aquel que se asume como parte de [una minoría] es, lo quiera o no, un portavoz y representante visible de aquellos como él, ocultos o no“. ¿Creés que con tu reacción es creíble que la gente que ayuda a los animales es buena persona? No me ayudés, compadre.

En fin. Descansá en paz, Magda, y ojalá no volvás a este mundo insufrible.

 
 
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