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Archivo del Autor: Ligia

Un salto pa’delante y otro para’trás…

El sábado pasado, un especial sobre Beyoncé ocupaba más espacio en la portada de uno de los periódicos más importantes de El Salvador que la condena por genocidio contra el ex dictador guatemalteco Efraín Ríos Montt. En otro, que se las arregla para meter diez noticias en portada, la hstórica condena ocupaba la séptima posición; era apenas una ventanita en la portada del tercer matutino de distribución nacional. 

En Honduras dos periódicos ni siquiera lo consideraron noticia digna de entrar en portada, y otro apenas le otorgó el más pequeño de sus llamados de primera plana. 

En la jerarquía informativa tradicional de estos dos países, la sentencia por 80 años a Ríos Montt, encontrado culpable de genocidio y crímenes contra la humanidad, pasó desapercibida.

Estas omisiones no son casuales. Son el resultado deliberado de las preocupaciones de sectores conservadores por evitar que la gente se entere, que el virus se expanda, que se crean que ese “accidente” guatemalteco puede intentarse también en otros países. Hay que esconder la noticia. Los medios tradicionales parecen no haber aprendido aún la gran lección periodística de la revolución tecnológica: las noticias ya no se pueden esconder. Y menos esta, una de interés universal generada aquí al lado cuyas consecuencias tendrán, tarde o temprano, que publicar en sus primeras planas.

Los ixiles inauguran el futuro de Guatemala.

Algunos periódicos son unos loquillos.

***

Desde el otro extremo del sofá, ella me describió una escena muy familia: que dentro del campus universitario, un carro se había acercado a un grupo de estudiantes. Que del carro se bajaron unos hombres de civil y tomaron a uno de los estudiantes y se lo llevaron, no sin que él forcejeara y gritara su nombre y su número de matrícula. Que el estudiante apareció horas más tarde en una comisaría, muy golpeado. Y encima hay que agradecer esa benevolencia de que lo devuelvan con vida. Cosas que pasaron en la dictadura. Cosas que están pasando hoy.

 

Amanecer Tropical.

Siempre es domingo a las 6 de la mañana cuando suenan cumbias noventeras jalvadoreñas.

El Perico Preguntón /Via Aniuxa.

El Divorcio /Gracias a Ángel C.

La Cumbia del Mago /Gracias a Ángel C. y Virginia.

 
3 comentarios

Publicado por en mayo 7, 2013 en Azul y blanco, Imágenes, Jue!, Música

 

De allá del norte.

“Por cierto, los datos nos dicen cosas tan formidables como que uno de los países con más migrantes viviendo en Chile es El Salvador, que tendría en Chile más migrantes que México, Alemania, China o Uruguay. Pero al parecer el error fue que sumaron las pocas decenas de migrantes de ese país con el más masivo número de habitantes del campamento minero El Salvador. Notablemente entonces se puede descubrir que los salvadoreños que viven en Chile suelen ser hinchas de Cobresal”.

El INE miente.

 

Imponer y culpabilizar como forma de promover la vida.

Hay gente que por quedar bien con Dios pisotea al prójimo. “Sólo Dios puede dar y quitar la vida” se dice para zanjar la cuestión sin enlodarse, como si a cada segundo no hubiese personas dando y quitando vida a otras, las más de las veces por una decisión consciente. Seamos un poco terrenales, por principio de realidad, o digamos que Dios realmente envió las bombas de la maratón de Boston y vamos a manifestar nuestro agradecimiento por ello a los funerales de las víctimas.

A los “pro-vida” se les olvida la vida que tienen enfrente (“La vida de la madre no es un tema a considerar“). El cuerpo dentro del cual está el feto es una persona también, carámba. Es una vida completamente formada que ha echado raíces como miembro de la sociedad y ha establecido vínculos, influencias e interdependencias que se desmoronarán si desaparece.

Frente a una madre con una enfermedad grave que corre el riesgo de morir si da a luz a un bebé que no tiene cerebro (y en inglés), y que si se salva con el aborto se va a la cárcel por homicidio, la colectiva mollera salvadoreña no da más que para el tremendo: “ella se lo buscó” y “sólo Dios da y quita la vida”. Han decidido dejar pasar la oportunidad de abogar por salvar una vida y otras vidas que dependen de ésta. Porque así el mundo será mejor, eh. La gente promedio sólo puede preguntarse por qué ella tuvo relaciones sexuales…con ella misma, aparentemente, porque nadie suele hablar del rol del padre. La mujer es lo público, vamos a hablar de ella (y a tocarle su estómago sin su permiso si está embarazada porque aaaaaww).

Sí, en realidad, los detalles personales son materia de tabloides, a lo más. Pero parafraseo a un libro genérico de psicología social: usted no sólo daña a quienes detesta, también detesta a quienes daña (la moraleja real de “la zorra y las uvas” es que la disonancia cognitiva es inaceptable). Su cerebro echará mano de cualquier argumento, de preferencia ad hominem, que le permita culpar a la víctima y que le ayude a justificar lo ocurrido. Porque uy, no es posible que alguien esté en semejante situación si no es porque él o ella misma se lo ha buscado (un ejemplo marca na’-que-ver pero pa’-que-vea).

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El Derecho penal puede únicamente imponer un no hacer, es decir, prohibir comportamientos, no imponer conductas, y todavía menos opciones de vida. Con la prohibición del aborto y con la consiguiente constricción penal a convertirse en madres se impone a las mujeres no sólo el no abortar, sino una conmoción vital de incalculable alcance. No sólo la gestación y el parto, sino la renuncia a proyectos de vida diversos, la obligación de educar y mantener a un hijo…

Así, la punición del aborto es el único caso en que se penaliza la omisión no ya de un simple acto…sino de una opción de vida: la que consiste en no querer convertirse en madre. Esta circunstancia es generalmente ignorada… La prohibición del aborto equivale también a una obligación -la obligación de convertirse en madre, de llevar a término un embarazo, de parir, de educar a un hijo… En contraste con el principio de igualdad, que quiere decir igual respeto y tutela de la identidad de cada uno, la penalización del aborto sustrae a la autonomía de la mujer sobre su propio cuerpo, y con ella su misma identidad de persona, reduciéndola a cosa o instrumento de procreación sometida a fines que no son suyos.

La cuestión del embrión entre derecho y moral (p. 266) – Luigi Ferrajoli.

No tener hijos no hace alguien más egoísta que tenerlos. “Yo quiero tener hijos”: se desea que se parezcan a nosotros en muchas cosas, o que hagan bien lo que nosotros hicimos mal; que tengan los mismos gustos. Se espera que ellos perpetúen nuestras creencias y valores, ojalá estudien lo mismo que nosotros o lo que nosotros queramos para ellos porque sabemos lo que les conviene, esperamos que nos hagan quedar bien ante el mundo con su modo de comportarse, sus notas y sus logros; y que se apuren a darnos nietos. No es malo per se, pero tener hijos es igual de auto-referente que no tenerlos. Mientras sea decisión propia/aceptación eventual de la responsabilidad y no porque “ni modo”, está bien.

Lo contrario de “pro-vida” no es “pro-aborto”, es “pro-decisión”. Un embarazo no deseado no necesariamente “arruina” la vida; depende de factores de toda clase. Habrá mujeres que decidirán tener el bebé y eso no las detendrá. Otras decidirán o desearán no tenerlo, también por un sinnúmero de razones. Simple y llanamente no se le impone a la gente qué hacer con su cuerpo y con el resto de su vida. Puede interceptar esta idea con que el bebé inocente y que qué hay de su cuerpo y el resto de su vida, pero de inducir culpa a ofrecerse a dedicar lo que resta de la existencia propia a responsabilizarse del bebé que se está “defendiendo” (o a pagar por su ataúd y quizás el de su madre, para el caso) hay un gran trecho.

Abortar no es una decisión fácil y hay que hacer énfasis en lo de sinnúmero de razones: no es porque sí, por capricho; nadie se coloca por gusto propio en una situación que conlleva exponerse a las peroratas del team Regina de Cardenal. Es una situación difícil, ¡hagámosla más difícil, eso les enseñará las mujeres a no tener sexo y embarazarse! La buena noticia es que si hay más y mejor acceso a servicios de salud y a información sobre sexualidad y métodos anticonceptivos, y se combate el machismo y el hembrismo, y la cultura de la violación, habrá menos necesidad de echar mano del aborto. Colabore con algo de esto. Buena suerte.

***

Y me entero de que anularon el juicio al genocida Ríos Montt. Sepa por qué era importante hasta para El Salvador, si es que no lo sabe aún. A la mierda.

 

Otoño.

Las personas comienzan a caminar por las calles abrazándose a sí mismas, apresurando el paso para no estar a la intemperie por mucho tiempo. Hace unos días las observaba desde un banco de madera en la plaza. “Hay tiempo que perder”, pensaba sin prisa. La tengo, pero no es una prisa inmediata sino existencial. De esas en las que dar un paso lleva días o semanas o meses. 

Atrás del banco había un perro temblando de frío. Estaba desnudo, como cualquier animal que no es humano, pero se supone que la desnudez de esta especie debe compensarse con la simbiosis con una persona. No había tal cosa y encima su pelaje era muy corto. Me senté en el banco. Cuando se me acercó me recordó al perro Rolando (el del video de abajo), porque tenía una herida fresca encima de un ojo, como un navajazo. Le pasé un poco de comida, le pasé un poco de afecto. Qué manera de mover la cola.

Más lejos estaba un señor indigente que siempre veo por el centro de la plaza. No es lo mismo ayudar a una persona que ayudar a un perro, en términos de intención, método e impacto. Muchos menos en términos de predictibilidad de la reacción de la una y del otro. No es tanto indiferencia como una experiencia subjetiva a la que no le he puesto nombre. Habrá personas que no teman acercárseles a extraños que viven en carencia extrema y no teman hablarles y preguntarles cómo se les puede ayudar a suavizar su día, sobre todo si es un día que augura un invierno cruel. Pienso en las monedas que ando o en una taza de café. 

La cola mueve al perro y al menos por un rato deja de temblar. De la iglesia de enfrente sale otro indigente con gabardina. Lo he visto muchas veces, sacude una taza de metal que contiene las monedas que recolecta. Lo que me pasa con las monedas es que sé que no cambian nada pero implican atención (consulte a su conductista de cabecera). No las paso si no voy a ver a los ojos a la persona, como un ejercicio a lo Albert Ellis, que se curó de su fobia a hablarle a las mujeres hablándole a las mujeres. Rara vez me siento capaz de hacer tal cosa. Y si no me siento capaz, soy del montón que pasa de largo. No es indiferencia, es burocracia mental. La última vez que agarré valor, el caballero de la gabardina me dedicó una mirada amable que me hizo sonreír, y su enorme barba se movió mientras me decía “suerte”. En un día que la necesitaba. 

Me gusta el frío pero me angustia el invierno. 

 
 
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