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Archivos diarios: febrero 29, 2012

Ruego hacer estas consideraciones a la hora de ratificar o no el matrimonio*.

Sres. diputados, Sras. diputadas,

Una de las cosas más lindas que nos regaló el Señor Jesucristo fue la capacidad de falsear hipótesis. Respetamos la obra de Dios cuando ponemos en marcha ese proceso cognitivo superior, y dejamos de ser tan arrogantes como para sostener nuestras creencias como verdades universales, arrogancia que hace que pasemos por encima del prójimo (e.g. la película Red State).

En ese sentido, todos – TODOS- los argumentos que apoyan la idea de que el matrimonio es sólo entre hombre y mujer, y que la homosexualidad es una enfermedad fueron falseados hace ya mucho tiempo. Empezando porque el matrimonio no es natural; ustedes mismos lo llaman institución, justamente porque implica que es una construcción social, y que inició no por Dios, sino por la necesidad de las grandes familias de mantener alianzas y el poder** y los bienes entre ellos mismos; lo de casarse por amor y voluntad propia vino después, porque como construcción social, las instituciones no sólo regulan a la sociedad sino que son reguladas por las exigencias históricas de ésta. La homosexualidad está en al menos 1,500 especies, con mayor predominancia en aquellas con complejas relaciones sociales, como el Homo sapiens y el Pan paniscus. Así, la homosexualidad es más natural que el matrimonio. Pero mucha gente, incluyendo algunos de ustedes, en lugar de honrar las creaciones de Dios con todas sus particularidades y diversidad, reniegan de ellas.

Tengan en cuenta que no fueron personas homosexuales quienes trajeron a discusión el matrimonio homosexual. Fueron heterosexuales…y en época de elección. Están jugando con ustedes y su necesidad de votos, aunque eso ustedes ya lo saben. El político y abogado Jamie Raskin lo dijo bien: cuando tomaron posesión de su cargo, “ustedes pusieron su mano en la Biblia y juraron cumplir la Constitución. No pusieron su mano en la Constitución y juraron cumplir la Biblia”. Y si amoldan la primera a la segunda, pronto van a estar ratificando que mi esposo puede casarse también con mis esclavas, según Génesis 16, causando luego que él me mire con desprecio.

Como heterosexual declarada, les ruego consideren dejar la discusión de este espinoso tema cuando sea pertinente, es decir, de aquí a un par de generaciones cuando haya otras personas en sus asientos, y cuando las personas LGBT sean consideradas seres humanos, sin “pero…”.

Atentamente,

L.

***

* Correo electrónico enviado al grueso de diputados y diputadas de la Asamblea Legislativa; si me responden, aviso. En esta bella época de persecución, elecciones, pendejez, y vuelta al conservadurismo, no estamos para andar levantando la voz, pero tampoco estamos para andarnos callando. Eso, y me dio hueva poner “matrimonio entre hombre y mujer”. No quise ponerle apellido, porque un matrimonio es un matrimonio, entre quienes sea. Pregúntele a los de Aerosmith.

** El poder del hombre, sobre todo, según Durkheim y según el loable discurso masculino.

* Aclaración: a la psicología no le corresponde defender instituciones, sino aportar conocimiento para garantizar, entre otras cosas, el bienestar del máximo número de personas posible, y a veces eso implica cuestionar lo que se considera incuestionable (como Kurt Lewin cuestionó la efectividad de los gobiernos autoritarios y encontró, en cambio, que la mejor forma de gobernar era democráticamente; la aceptación de la democracia tampoco es tan antigua). Para ello, utiliza el método científico -no la lógica de un ciudadano de a pie- que es el falsear hipótesis, especialmente aquellas que se maquillan como naturalidad y verdades universales. Los argumentos en contra del matrimonio entre homosexuales, y de la homosexualidad en su totalidad, no están exentos de ese proceso. Y de hecho, sí, ya han sido falseados.

 
 
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