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Archivos diarios: abril 27, 2011

Los hombres con respecto a las mujeres y con respecto a otros hombres: poder y sexualidad.

[Nota: siempre que se escribe de estos temas, al menos desde un lente más o menos científico, se sobreentiende que los patrones de los que se habla no se encuentran en la misma medida en todas las personas; cuando digo "los hombres" y "las mujeres" no quiero implicar una generalización rígida, mucho menos estereotipia.]

Contrario a la creencia predominante en la sociedad de que el feminismo es un “machismo a la inversa”, y que implica “odiar a los hombres”, el feminismo es, entre otras cosas, una corriente académica y multidisciplinaria que requiere mucho conocimiento y pensamiento crítico. Pide equidad en muchos campos, pero también reconoce que existen diferencias y en ese caso, aboga por que las diferencias no impliquen jerarquías.

Por esto último, el tema del poder resalta en los estudios feministas. Tradicionalmente, se reconocen los estudios de las diferencias y las relaciones de poder entre hombres y mujeres. Hace ya varias décadas que se ha venido comprobado que la violencia sexual tiene un componente más de poder que de impulso sexual*** (lo que puede parecer contraintituitivo para mucha gente, que suele apoyarse en los mitos relativos a que la víctima se lo buscó por hacer o no hacer algo, que sólo “dementes” cometen agresiones sexuales, etc.).

Women are wild animals; men are hunters (“las mujeres son animales salvajes; los hombres son cazadores“):

(…) El uso de la cacería como metáfora para las citas/tener sexo con mujeres. La metáfora muestra a hombres como depredadores y a las mujeres como presa, sugiriendo que las mujeres inherentemente no tienen disposición y que los hombres son inherentemente engañosos, coercitivos y agresivos. Esto prepara el escenario, en términos discursivos, para la agresión sexual.

Agrega un par de hombres representando una cultura “primitiva” inespecificada para recordarnos que semejante relación es “natural” y tienes un anuncio de Dos Equis [Una marca de cerveza...click en el enlace de arriba para ver el anuncio].

Pero el feminismo también se ocupa de las diferencias entre hombres, porque ha ido quedando claro que las transacciones de poder no ocurren únicamente entre hombres y mujeres, sino también entre los mismos hombres. En los ideales hegemónicos, ser “hombre” es negar vulnerabilidad, mostrar control emocional y físico, parecer fuerte siempre, negar la necesidad de ayuda, mostrar un interés inagotable por el sexo, mostrar comportamientos agresivos y dominancia y resistencia física…. Por esto, incluso, el sólo ser hombre es factor de riesgo para la salud* **. Razones biológicas aparte, “ser masculinos” y demostrarlo les exige desplegar estos y otros comportamientos, que se consideran tanto prueba de la superioridad de los hombres sobre las mujeres como prueba de su posición con respecto a otros hombres* (fuck yeah, a ver quién aguanta más poniéndose a verga).

(Por supuesto, las mujeres también pueden adoptar creencias y comportamientos para demostrar ciertos tipos de feminidad, como en el caso de las dietas poco saludables para lograr un cuerpo “ideal”; pero se ha demostrado que, en general, buscar los estándares culturales de feminidad lleva más a involucrarse en comportamientos saludables que no saludables*).

Y así como los hombres ejercen diversos grados de poder sobre las mujeres, también ejercen varios grados de poder entre ellos mismos. Pensaba en esto cuando leía las noticias a continuación, sobre las violaciones y el tráfico sexual dentro de las cárceles (aunque el artículo es sobre el caso de Estados Unidos). Para nada es este contexto el único en el que ocurre la violencia sexual entre hombres, aunque es un contexto con complejidades particulares, pero aún así, vale la pena rescatar y visibilizar este fenómeno, y todo lo que ello implica:

Infierno en el infierno:

Scott Howard, un ex convicto, sobreviviente del mercado de sexo, todavía bajo continua terapia psicológica, ha sacado a la luz escabrosos episodios del infierno de las cárceles estadounidenses, donde durante dos años fue vendido o alquilado por dominantes miembros de una banda de supremacistas blancos a pandilleros de mafias mexicanas, a cambio de unos pocos dólares y hasta por una caja de galletas.

Cuando denunció los hechos, oficiales del sistema de correccionales lo desestimaron con humillantes burlas, a pesar de que esos abusos se cometen de prisión en prisión, sin que siquiera las autoridades gubernamentales se tomen la molestia de averiguar lo que está ocurriendo con una población penal de 147 mil reos en cárceles federales, estatales y locales, que es la cuarta parte de toda la penitenciaria del mundo.

Aumenta el mercado sexual de reos en cárceles de EEUU:

“La situación es una epidemia, éramos decenas a los que nos prostituían y puedo asegurar que mientras digo estas palabras a otros los están obligando a prostituirse. La última vez que a mi vendieron el ‘cliente’ pago con cuatro cajas de galletas, ¡es horrible lo que hacen y en la prisión nadie nos ayuda!”, dijo Howard, liberado en diciembre del 2010 después de pasar 10 años en prisión por cargos de fraude. Ahora trabaja en la búsqueda de reformas que protejan a lo prisioneros de los abusos sexuales.

Cuando Howard denunció los hechos oficiales del sistema de correccionales de Colorado, le respondieron que eso le pasaba por ser “una reina del drama”, según consta en los archivos de la corte.

“Llegué al punto en el que sobreviví de ‘crackers’ (galletas) y agua. Te venden una y otra vez… el abuso físico y psicológico llega a un extremo en el que piensas que es mejor no vivir”, explicó el ex convicto, quien a la fecha continúa bajo terapia psicológica para sanar el daño emocional que le dejaron los atropellos de los que fue víctima.

Este es un ejemplo extremo, claro. Pero llama la atención, entre otras cosas, porque, como dice Coward (1994)* los cuerpos de los hombres normalmente están fuera de análisis; sus cuerpos y su sexualidad se dan por sentado, quedan exentos de escrutinio, mientras que los de las mujeres son extensamente definidos y sobreexpuestos. Los significados sexuales y sociales se imponen en los cuerpos de las mujeres, no de los hombres, y “un cuerpo definido es un cuerpo controlado”.

Día a día la masculinidad también es mantenida de formas discursivas y simbólicas, formas que muchas veces pueden pasar bajo el umbral de muchas personas, o simplemente ser consideradas como algo inocuo o risible, obviando el efecto cumulativo de los mensajes. El anuncio de la colonia Brut Some men just need to be slapped (“Algunos hombres simplemente necesitan ser abofeteados“), es un ejemplo de la vigilancia constante de la masculinidad tradicional y la denigración de todas las cosas asociadas con las mujeres. La construcción de la masculinidad desde los ideales hegemónicos va de la mano con el rechazo de lo femenino* (recomiendo altamente leer los comentarios bajo el artículo).

Hablando de hombres, mujeres, sexualidad y poder, leía que en Zimbabue hay aumento de mujeres violadoras. Muchas veces cuando es forzada, la sexualidad es un vehículo para algo, no un fin en sí mismo. Y en este artículo, como en los anteriores, los comentarios no tienen desperdicio: Comentario #70: mujeres así [que pareciera que concursan en Miss Universo] no necesitan violar a nadie, ya que cualquiera estaría encantado de aparearse con ellas. Las violadoras son seguramente como las describes: con los dientes podridos y el resto del cuerpo a juego, además de maltratar al violado sin ninguna consideración y cargaditas de enfermedades venereas. Viejita: (1) SPOILER ALERT ya te dice la nota que probablemente usaron protección, lo que tendría sentido porque sus objetivos aparentemente no tienen que ver con “castigar” a los hombres END SPOILER; (2) ¿Y qué tal que no se vean tan mal estas mujeres, y aún así el hombre no quiera tener relaciones con ellas? ¿Qué pensarías de él? ¿Sería “menos hombre” por no querer?).

Parece haber una tendencia a pensar y a justificar las relaciones sexuales más con respecto a la estética de quien agrede y quien sufre la agresión que con respecto al consentimiento. Esto último es lo que le da sentido al acto sexual, convirtiéndolo ya sea en una experiencia sumamente placentera o en una tortura ***.

—-
* Courtenay, W. (2000). Constructions of masculinity and their influence on men’s well-being: a theory of gender and health. Social Science & Medicine, 50. pp. 1385 – 1401.

** Smith, J., Braunack-Mayer, A., Wittert, G. (2006). What do we know about men’s help-seeking and health service use? Medical Journal of Australia. 184(2), pp. 81-83.

*** Exempli gratia, va:

  • Beneyto, M. J. (2002). Violencia sexual: entre lo que siente la víctima y lo que piensa el agresor. En Redondo, S. (Coord.), Delincuencia sexual y sociedad (pp. 53-86). Barcelona, España: Ariel.
  • Castro, C. (2008, 15 de junio). El enemigo en casa. Una historia cualquiera. Revista Enfoques, La Prensa Gráfica, pp. 2-7.
  • Oficina Internacional del Trabajo (OIT). (2004). Explotación sexual comercial y masculinidad. Un estudio regional cualitativo con hombres de la población general. San José, Costa Rica: OIT.
  • Buddie, A. y Miller, A. (2001). Beyond rape myths: A more complex view of perceptions of rape victims. Sex Roles, 45, 139-160. doi:10.1023/A:1013575209803
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  • Feuereisen, P. (2005). Invisible girls. The truth about sexual abuse. Emeryville, Estados Unidos: Seal Press.
  • Frese, B., Moya, M. y Megías, J. (2004). Social perception of rape: how rape myth acceptance modulates the influence of situational factors. Journal of Interpersonal Violence, 19, 143-161. doi:10.1177/0886260503260245
  • Grégori, R. (2007, 17 de septiembre). El hostigamiento sexual es una demostración del potencial para hacer algo peor. El Faro. Recuperado el 18 de agosto de 2007, disponible en El Faro.
  • Gutiérrez-Quintanilla, J. R., Rojas-García, A. y Sierra, J. C. (2010). Comparación transcultural de la doble moral sexual entre estudiantes universitarios salvadoreños y españoles. Revista Salvadoreña de Psicología, Vol. 1, No. 1, 31-51.
  • Hargreaves, S. (2004). Recognising rape as torture: legal and therapeutic challenges.
  • The Lancet, Vol. 363, No. 5 Pp. 1916-1917. doi:10.1016/S0140-6736(04)16384-8
  • Kahlor, L. y Morrison, D. (2007). Television viewing and rape myth acceptance among college women. Sex Roles, 56, 729-739. doi:10.1007/s11199-007-9232-2
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  • Katz, J. (2006). The macho paradox: Why some men hurt women and how all men can help. Naperville, Estados Unidos: Sourcebooks.
  • Male Survivor (2010). Male sexual victimization. Myths & facts. Disponible acá.
  • Malamuth, N. M. y Ceniti, J. (1986). Repeated exposure to violent and nonviolent pornography: Likelihood of raping ratings and laboratory aggression against women. Aggressive Behavior, 12, 129-137.
  • Sierra, J. C., Delgado-Domínguez, C. y Gutiérrez-Quintanilla, J. R. (2007). Escala de Actitud Favorable hacia la Violación: primeras evidencias acerca de su fiabilidad y validez en muestras salvadoreñas. Universitas Psychologica, 6, 539-548.
  • Sierra, J. C., Santos-Iglesias, P., Gutiérrez-Quintanilla, R., Bermúdez, M. P., Buela-Casal, G. (2010). Factors Associated with Rape-Supportive Attitudes: Sociodemographic Variables, Aggressive Personality, and Sexist Attitudes. The Spanish Journal of Psychology. Vol. 13 No. 1, 202-209.
  • Thomas, D. y Ralph, R. (1992). Rape in war: Challenging the tradition of impunity. Disponible acá.
 
 
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