El aprendiz de traficante.

16 06 2007

Estas semanas nos ha tocado poner en marcha un taller para cuidadores y cuidadoras de niños en situación de calle. Hay mucho que contar sobre eso, pero por el momento me centro en algo que conversábamos con algunos de los asistentes, acerca del consumo de droga en estos niños.

La intervención que realizan instituciones de esta naturaleza se ubica en el nivel terciario de prevención, cuando en realidad ya no es prevención sino rehabilitación. Estas instituciones suelen recibir críticas, porque no van a los lugares donde se encuentran todos estos niños y niñas y los “recogen”, algo así como tirar la atarraya a ver qué sale. Por supuesto, no cuentan con los recursos materiales ni humanos para hacer frente a la cantidad de niños y niñas en estas condiciones. Como reflexionaba un participante, mientras las instituciones no gubernamentales colaboran tratando de paliar el daño, a las instituciones gubernamentales les toca, idealmente, evitar que se produzca este daño.

A los niños y niñas no se les puede “recoger” instantáneamente, llevarlos a un hogar y esperar que sean agradecidos por ello. Primero, porque el entorno en el que han crecido los ha llevado a desarrollar comportamientos de supervivencia que, en una situación estructurada (como una casa hogar), no funcionan; al niño de la calle se le imponen reglas cuando es institucionalizado, y después de estar al menos tres o cuatro años haciendo lo que quiere en la calle, seguir reglas y obedecer a una figura de autoridad no es algo que esté dispuesto a hacer.

Tampoco pueden sustraerse de su entorno porque muchos ya son carne de cañón para el narcotráfico. Contaba un cuidador, que tenía como tarea ir a hablar con niños en la calle (para eventualmente tratar de integrarlos a la casa hogar), que muchas veces hay un adulto -vendedor de droga- rondando, pendiente de lo que dicen los niños y lo que hacen las personas de la institución. Llaman a los niños después, para saber qué hablaron y, si es necesario, para amenazarlos con no hablar de más. Los traficantes no quieren perder sus trabajadores.
Recordé esto ahora con una lectura, “Narcotráfico y Desarrollo” (L. Guiridi, 1995, universidad de Deusto, Bilbao). Este artículo está referido sobre todo a América del Sur, y tiene sus años, pero…tal vez usted encuentra el pero.

El Informe sobre Desarrollo Humano 1994, del PNUD, plantea la necesidad de reinterpretar el concepto de seguridad basada en la defensa contra la agresión externa, entendida como protección de los intereses nacionales en la política exterior (…) la nueva concepción de la seguridad humana debe basarse en la protección frente a la amenaza de la enfermedad, el hambre, el desempleo, el delito social, la represión política y los riesgos del medioambiente (…). Cuando la seguridad de la población está amenazada en cualquier parte del mundo, es probable que el resto de los países se vean afectados.

En este contexto general, uno de los fenómenos más significativos y preocupantes a escala mundial y que refleja, de manera más clara esa interdependencia dentro del concepto de seguridad humana, es el del narcotráfico. El narcotráfico viene a recordar que la pobreza y la miseria de las grandes zonas productoras de drogas ilegales en el mundo no son independientes de los problemas que genera los modos de vida de los países industrializados.

(…)

Hoy en día, prácticamente todos los países de América Latina participan en alguna fase de la cadena del narcotráfico: Bolivia, Perú, Colombia, Guatemala, México, Ecuador y Brasil en la producción; Argentina en la transformación; Chile, Venezuela, Belice, Surinám, Panamá, Haití, Puerto Rico, El Salvador en el tránsito; Venezuela, Panamá, Uruguay, Chile, Islas Caimanes, en el blanqueo.

Las políticas de estabilización económica y ajuste estructural ejecutadas bajo las orientaciones del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial en numerosos países de África, América Latina y Asia durante la década de los ochenta han contribuido también a dinamizar la producción y el tráfico de drogas.

Con el objeto de lograr, en el corto plazo, el control y la estabilidad de las principales variables macroeconómicas y, en el largo plazo, la transformación estructural de sus economías, se ha adoptado una serie de medidas de carácter fiscal (elevación de precios y tarifas públicas), cambiario (tipo de cambio único y flexible), monetario (devaluación, limitación, crecimiento de la masa monetaria), reducción del gasto público (subsidios, congelación de salarios, gastos de inversión, salud y educación), liberalización del comercio exterior (reducción de aranceles a las importaciones, eliminación de aranceles e impuestos para las exportaciones), salarial (libre contratación), privatización de empresas públicas, etc., orientadas todas ellas al logro de los mencionados objetivos de estabilización y ajuste.

Las consecuencias más directas de este ajuste, además de lograr un relativo control de las variables económicas, han sido, en términos generales, la agudización de la desprotección social, la exclusión y la pobreza para la población más vulnerable. La participación en la cadena del narcotráfico ha resultado ser una de las formas para enfrentar la crisis (…)

Los recursos generados por las drogas tienen efectos diversos en las economías de los países productores. En el corto plazo, sus efectos se reflejan en el comportamiento de variables como el empleo, el ingreso, las exportaciones, las importaciones, el tipo de cambbio, disponibilidad de divisas de la economía, estructura y niveles de precios. A largo plazo, tiende a producir cambios estructurales en los países donde se ha aplicado.

(…) Los recursos del narcotráfico tienen un impacto considerable en la generación de empleo inducido en el sector informal, especialmente a través del contrabando.

El narcotráfico ha sido utilizado con mucha frecuencia para justificar las limitaciones a la soberanía nacional (…) El narcotráfico es una seria amenaza para la democracia y los derechos humanos al tiempo que socava profundamente las propias bases del estado de derecho por la enorme capacidad de corromper el conjunto de las estructuras del Estado, tanto el poder legislativo, como ejecutivo o el judicial. La probada capacidad de influir en jueces, magistrados, policías, militares, e incluso gobiernos enteros impide el establecimiento de unas normas de convivencia básica, el respeto a las normas del estado de derecho (…)

En términos resumidos: ¡¡¡el narcotráfico es un flagelo social!!!…pero tiene su gracia…

Así que, para terminar la historia: esta historia no termina. Muchos niños se quedan en situación de calle, trabajan (”trabajan”) con los traficantes de droga, siendo mensajeros, cobradores, y tal vez, eventualmente, consumidores, cuando les paguen en especie. Pero, recémole al Divino Padre y retomemos la esperanzadora idea de don Altamirano, de El Diario de Hoy, “mejor que sean curileros a que caigan en la droga” (comentada por Hunnapuh y El Trompudo) [¿no es que hay cierto tipo de trabajo agrícola en el que los niños deben fumar...?]; mejor que sean extorsionadores a que sean drogadictos extorsionados.


Acciones

Información

3 respuestas

27 06 2007
Lanselot

“mejor que sean extorsionadores a que sean drogadictos extorsionados.”

¿Mejor robar a que te roben?
¿Mejor ser maltratador que maltratado?
¿Mejor ser asesino que ser asesinado?

Espero que realmente no pienses de ese modo, ya que sería muy triste. Aunque desgraciadamente no serías el único ni mucho menos.

27 06 2007
Ligia

Ay, hijo, es sarcasmo.

3 03 2009
Alexwebmaster

Hello webmaster
I would like to share with you a link to your site
write me here preonrelt@mail.ru

Deja un comentario