La señora parece sacada de un cajón, y de las 699 páginas del libro, sólo dos veces se mencionan actividades que deben ser hechas por psicólogos y no por muñecos Lego. “Por eso somos desechables en este rubro”, me dijo la persona en el pupitre a mi derecha. Hasta el momento no he conocido a nadie que se incline por esa área, aunque agradezco que haya personas que la disfruten; ¿qué sería del mundo laboral sin ellas? No obstante, nos rasgamos las vestiduras cuando la señora nos pasa fotocopias de pruebas, con todo y manual. Se debate a voz baja entre los pupitres lo antiético y lo ilegal de ello, pero como dice la persona en el pupitre a la izquierda, “lo hacen todas las empresas; las secretarias las aplican”. ¡¿Qué diría Weschler de todo esto?!
En contraposición, la otra clase requiere de ropa cómoda, y la primera regla es no entrar creyéndose San Vergón de Todas las Soluciones. La segunda regla es saber que no somos responsables de todo, pero por el pedazo del que sí somos responsables tenemos que dar hasta un testículo o un ovario, según el caso. La tercera regla es no tenerles lástima. La cuarta regla, referido a la tercera, es que si viene una tormenta, nos vamos a la mierda, y los dejamos a ellos, porque ellos saben qué hacer. La quinta regla es una pelea a la vez. La sexta regla es que queda prohibido estar valiendo verga pasadas las cinco de la tarde. La séptima regla (restricciones aplican) es no embarazarse durante este período, o automáticamente se reprueba la materia. Otras recomendaciones son llevar una botella de agua y el carnet del seguro…por si uno se tuerce el tobillo, o le cae accidentalmente un disparo de alguien de la clica local.
Jamás se busca el mero fondo de la cadena alimenticia, porque ellos no son buen material: no se puede apelar a las zonas prefrontales si los jugos gástricos están perforando el saco estomacal. Nosotros encontramos el cementerio, y la primera vez que entramos un Judas de papel periódico estaba colgando de un árbol sobre una tumba; eso nos indicó que cero comentarios sobre su evangelio, mientras estuviéramos en el perímetro.
Vestidos como edecanes de evento hípico, nos recibe el señor que tiene las llaves de la gran sala de visitas. Hacemos énfasis en que estamos altamente calificados, “Splinter nos enseñó a ser ninjas adolescentes; Leonardo dirige, Donatello hace máquinas”, y así todos nos presentamos. Personalmente, quería un serrucho para dejarles una ventana hechiza, o un millón de dólares para hacer un obsceno donativo que dejaría tragando polvo a la cacique dueña de todos los fenecidos. Pero no venimos a hacer caridad sólo-agregue-agua, sino a proponer simbiosis a largo plazo.
Por el momento, hemos fracasado en un aspecto: ellos nos reciben con los brazos abiertos como las mismas cruces, y podemos apelar a sus zonas prefrontales; pero ellos van de paso. Han estado de paso en ese lugar por dos coras de 9,125 días cada una (más varios residuos bisiestos). Les dijimos que no somos doctores, pero secretamente esperamos conseguirles uno antes de la primera alerta de huracán.
Personalmente creo que con las pruebas de inteligencia lo mas inteligente es no habérselas hecho.
Este post casi no te lo entiendo, estabas aplicando para un puesto en una ONG estatal??? o para un organismo de ayuda anquilosado por la burocrática sobrevivencia del empleo.
Y el tal Weschler, ¿Habrá tomado en cuenta los efectos nocivos a la inteligencia promedio producto bombardeo perenne de la televisión, sumada a la ingesta masiva de Salvacola (en su presentación de tres litros y medio), acompañada de nutritivos Doritos o Clásicos Churritos Diana, antes de tropicalizar sus escalas a los patrones de inteligencia salvadoreños?.
Por ratos me das miedo…. Te sales de los parametros, pero ¿Te has preguntado si terminaras tus días encarcelada en una oficina del gobierno, esperando cumplir los 60 para poder morirte con la tranquilidad de haber cumplido?
Escribe tu libro antes de los 25 y a los 40 corrígelo para publicarlo a los 45, solo entonces serás felíz.